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ESPECTACULOS
Nuevo cine: Las voces del silencio
Como para demostrar que la única crisis irreparable es la inacción, un
nuevo director se agregará, este año, a las desanimadas huestes del
cine argentino. Su proyecto, ya terminado y listo para el estreno, no
pertenece, por fortuna, a la opción que parece dominar en estos
momentos a los cineastas locales: el bodrio para cantantes de moda o
el mamotreto histórico. La muestra de optimismo (o fe, en las propias
fuerzas y en el espectador adulto) la da Mario David, un joven
veterano del cineclubismo marplatense. Su primer largo metraje, El
ayudante, trata de escapar a otra opción clásica: populismo o cine de
minorías. Es una ambición poco alcanzada, hasta ahora.
Tiene un aire apacible, seguro, con la tranquilidad que
tradicionalmente se atribuye a quienes sobrellevan kilos abundantes.
Hombre joven, tiene sin embargo tras de él una considerable
experiencia en el corto metraje. Fueron siete, tres documentales y
cuatro arguméntales, entre ellos Vertical Mar del Plata, Los
integrados (“la integración argentina, en tono de solfa’’) y un film
sobre el match Estudiantes-Manchester. No deben olvidarse, en el
curriculum de este marplatense, la intensa actividad en el prestigioso
cine-club de la ciudad playera y su incursión en la crítica, siempre
en diarios de Mar del Plata.
Un dato que no figura en la historia es la modestia de Mario David. Es
casi una hipótesis de trabajo. O de conducta. La empresa de filmar un
largo metraje, en condiciones de seriedad, no es común en el cine
argentino ni en ninguna parte. Tampoco entra en su silenciosa tarea la
pose intelectual, apta para esconder dudas o carencias. Son elementos
discretos, sólidos, que impresionan sin alardes. Cuando contó las
etapas de El ayudante, destacó como primer hito: “El grupo productor
me dio libertad de acción’’. La propuesta, en principio, fue
hacer un medio metraje: “Yo los convencí de que un film de esa
duración no tiene posibilidades de estreno”.
El proyecto partió de una adaptación del cuento El sordomudo, de
Bernardo Kordon (pertenece al libro Un día menos). Es —recuerda David—
la vida de un camionero, un ser indiferente y rutinario que no aspira
a otra cosa que la vida igual y gris de cada día. De pronto, recibe
como ayudante a un chico sordomudo. Curiosamente, este aislado por el
silencio es quien rompe por fin la barrera de incomunicación que rodea
al camionero. Primero se resiste, pero al entrar al mundo del
sordomudo, al silencio, es rescatado por una amistad cálida, que se
manifiesta en los pequeños hechos intrascendentes de la vida
cotidiana.
“Contamos con la amplia colaboración de Kordon —anota el realizador—
para esa tarea, siempre ardua, de trasponer al cine un cuento, que es
una forma literaria más cerrada y menos libre que la novela. En
principio, hubo que hacer una recreación, introducir nuevos
personajes. El propósito, en realidad, era trabajar con una historia
lineal, que me permitiera trabajar libremente en el contexto
cinematográfico. Para después, en una segunda instancia, entrar en el
fondo del relato.”
Un detalle curioso fue la necesidad de realizar el estudio del
lenguaje y modalidades de los sordomudos; un miembro de la asociación
que los agrupa (Pablo Andrés Martínez) fue el encargado de asesorar a
los cineastas. Una de las secuencias más entrañables del film (un
baile) cuenta con un setenta por ciento de intérpretes realmente
sordomudos. En cuanto a los actores profesionales, Mario David contó
con los excelentes Pepe Soriano (en el papel del camionero), Lidia
Lamaison (como su mujer), Silvana Roth —que regresa al cine tras un
silencio de 17 años—, Enrique Fava, el marplatense José Slavin y
Carlos Veltri. El detalle se completaría consignando al laureado
Aníbal Di Salvo, a cargo de la fotografía en color, y a Víctor Proncet
como autor de la música.
A esta altura de la charla había que recaer en las conjeturas sobre
las penurias y errores del cine argentino. No es casual que Mario
David, un hombre que pertenece a un medio cultural algo sofisticado y
exigente, como son los eruditos cineclubes, haya decidido conjugar
seriedad estética y una búsqueda directa de la comunicación con el
público. “El público alienta a su cine en la medida en que los
realizadores no se confinen en un intelectualismo cerrado —define—. Y
el público está ávido de reconocer un cine que no le huya, sino que lo
interprete, se ocupe de la vida real.” Todo esto, sin embargo, está
limitado por los mecanismos económicos, sobre todo en materia de
distribución. Además, resume David, la capacidad de maniobra en la
exhibición está limitada a dos circuitos. Fuera de allí, el film muere
después de su estreno. Después están las modalidades del apoyo
crediticio oficial, que no estimula tendencias nuevas y, por lo tanto,
menos capitalizadas: “Para un film de veinte millones, se pide un aval
de doscientos. El campo, entonces, queda limitado a la aventura o a un
mecenazgo”.
No deja de invitar a la reflexión, al optimismo, que algunos pocos se
aventuren a producir films honestos y seriamente artísticos frente a
tantas trabas descorazonantes. “De todos modos —resume Mario David—,
esta temporada puede resultar interesante. Puede que llegue a hablarse
de la gente del 70.” La cronología es obvia. Después de terminado, un
film debe peregrinar, a veces un año entero, para llegar a una difícil
pantalla.
13 de enero de 1971 - CONFIRMADO
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