Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado
| JUAN SALVADOR GAVIOTA, por Richard Bach, fotografías de Rusell Munson. Editorial Pomaire. Barcelona, 1972. | ||
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No es, digamos, un libro aconsejable. Más bien se trata de una literatura de tipo subversivo que puede alterar sensiblemente las sólidas estructuras que nuestro generoso sistema de vida nos ofrece. Juan Salvador Gaviota es un pájaro un poco alocado que se dedica a sobresaltar a su propia bandada haciendo piruetas al infinito en vez de dedicarse a deglutir mansamente peces, lombrices, lagartijas y todos esos bichos que la gula animal utiliza para engordar. Esta actitud trae, con el tiempo, la lógica indignación de quienes —mientras Juan Salvador vuela— se sienten condenados a seguir comiendo. Por lo tanto, la Corte Suprema de la justicia pajaril dispone la expulsión inmediata de esta “rara avis” que parece haber encontrado, a través del vuelo, una perfecta excusa de evasión de la realidad concreta que le ofrece un rico plato escamado. Ya en la rocosa soledad de su destierro, Juan Salvador Gaviota —que ha alcanzado velocidades increíbles y planeos oníricos indescriptibles— prosigue con su manía toxicológica de superarse a sí mismo sobrepasándose día a día. Así las cosas continúan hasta que un grupo de voladictos como Juan Salvador, pero que parecen vivir en otra dimensión, se conectan con el pionero alado y le muestran una suerte de paraíso terrenal. La evolución le hace alcanzar una categoría casi divina, que le permite retornar, luego de aprendido, a la augusta sociedad de comilones donde vivía. El regreso del antiguo desterrado causa el lógico revuelo entre los pájaros, y el audaz subversivo logra convencer a otros soñadores de la bandada. Hasta aquí, el libro en lo formal. Más allá de esto comienza el vuelo mismo de Juan Salvador Gaviota. EL VUELO El vuelo en sí es algo vacío, lo que permite que el crítico lo llene de lo que quiera. Podemos elegir. Gracias a la franquicia del autor el vuelo de Juan Salvador Gaviota puede ser una metáfora del Bien. Mientras en una sociedad opulenta convive el egoísmo con la mediocridad envejecida y asumida en sus defectos con extraña fuerza, un ser —de pronto-resuelve hacer su revolución individual. Por empezar remonta vuelo para despegarse de las inútiles necesidades que han sido creadas y decididas sólo por quienes la padecen. Desde lo alto la fantasía del vuelo se convierte en la realidad del vuelo enfrentada con la fantasía de la bandada. Las cosas que se creían concretas se transforman en ilusorias; sólo las ilusiones se concretan. Una suerte de parábola mágica hace que lo increíble sea lo único creíble. Las luchas sociales de la bandada no sirven por que son sólo luchas por conseguir necesidades innecesarias. Estar inmerso en ellas pasa a ser sinónimo de decrepitud espiritual. Como si —para ser más claro— alguien un día se diera cuenta de que, en definitiva, el mundo todo gira sobre un valor únicamente monetario. Como si alguien de golpe percibiera que tanto un sistema político como otro sólo son diversas maneras de vivir aferrados a un monedero. Juan Salvador Gaviota parece ser una suerte de anarquista-cristiano, anarquista en sus métodos y en sus libertades y cristiano en sus fines caritativos que trascienden el amor terrenal. Libre, antes que nada, el cuestionamiento que hace Juan Salvador Gaviota del mundo entero es un rescate constante de lo espiritual. No es un canto a la libertad pura: es un alarido de espíritu puro que rompe con todo en un sentido mayuscular. El valor oro, “el capital” (ya sea el de Carlos Marx o el de los capitalistas) pierde toda posibilidad de salvación ante la presencia de la nueva ruta que sólo se alcanza con una elevación rotunda de las actitudes individuales. Ya no importa tanto compartir el infierno de la bandada social como vivir una actitud celestial que parte desde el amor para llegar al amor. Alegato fundamental al estilo de “El Principito”, Juan Salvador Gaviota no es un libro cualquiera, aunque sirve para cualquiera, porque sus recursos son de una sencillez universal. LA FOTOGRAFIA La fotografía, que ayuda a comprender al personaje hasta el hartazgo, vive en pareja calidad y armonía con el resto del testimonio. Técnicamente perfectas, diagramadas y dispuestas con exacto equilibrio, el recurso gráfico más que válido es necesario. Gaviotas etéreas en rampantes y rasantes actitudes sobrevuelan el libro a manera de portaestandartes de la prosa que las acompaña. Transparencias jugadas con una sutileza digna de la más perfecta armonía celeste perpetúan la temática del libro del principio al fin. La labor de Rusell Munson acapara para sí gran parte del virtuosismo de la obra. La vida y el movimiento desafían, con suficiencia, un estatismo que se presiente en "la bandada”. Complemento eficaz y sabio recuerda —y la comparación se hace inevitable— a la fotografía de la película “Volar es para los pájaros”, ese extraordinario film que seria bueno reponer con mayor frecuencia. En fin. El libro es perfecto, está bien hecho y es imprescindible. Nada sobra ni falta nada. Tal vez, eso sí, hubiera merecido mayor difusión. Pero, claro, es demasiado positivo y a esas cosas no estamos acostumbrados; son demasiado poéticas para digerir como concretas. Pero son rotundamente reales. A pesar de ser subversivas. EXTRA marzo 1973 |
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