Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado

luciano pavarotti
Luciano Pavarotti: del bel canto al verbo

El día de la función duermo hasta muy tarde y hago todo lo posible para que nada interrumpa mi sueño, hasta que mi cuerpo haya absorbido todo el descanso necesario.
Como lo hago habitualmente, comienzo el día con una taza de café y edulcorante artificial, nada más. Mi principal preocupación es la de saber si la voz está allí. Puede que la pruebe debajo de la ducha, como hacen todos los hombres del mundo, pero en mi caso no lo hago por la alegría de sentirme vivo ni por la agradable sensación del agua que cae sobre mi cuerpo. A veces canto por esos motivos, pero no el día de la representación. Lo crucial es el estado de mi voz.
¿Por qué están todos tan interesados en el sexo y en el efecto que tiene sobre la voz? Quizás porque los cantantes siempre han tratado de encontrar excusas cuando su voz no está en condiciones, y el hecho de hacer el amor es una noble excusa. O quizás sea porque todo el mundo se interesa por el sexo y emplea cualquier pretexto para mencionarlo.
Muchos cantantes, y particularmente los tenores, creen que hacer el amor antes de una función afecta la voz. Terry Mc Ewen, que está a cargo de la dirección de la Opera de San Francisco dice que escuchando cantar a un tenor se da cuenta si ha hecho el amor el día anterior a la función. Había un tenor que estaba tan convencido de que mejoraba su voz, que siempre se las ingeniaba para tener una relación amorosa en su camarín.
Mi amigo José Carreras tiene una opinión muy acertada al respecto. Dice: “El sexo beneficia mi voz, pero no puedo hablar en nombre de todos los tenores. Nunca, voy a la cama con un tenor.”
Es todo muy tonto. Como José, no puedo evitar hacer bromas cuando me hacen preguntas sobre el tema en las entrevistas, y siempre las hacen.
Cuando los reporteros de la revista Newsweek me preguntaron acerca de ello, les contesté: "Creo que el sexo pone al cuerpo en un estado de armonía, de la misma manera que la vocalización lo hace con la voz. Yo vocalizo todos los días".
Hablando seriamente, creo que es mejor abstenerse del sexo antes de la función, y aun el día anterior, porque creo que es aconsejable no realizar ninguna clase de esfuerzos durante
esos días. Se puede cantar mal cinco minutos después y se puede cantar mal cinco días después. No creo que haya una relación tan definida como se piensa.
Un cantante no debe dejar que esas preocupaciones dominen su vida. Uno de mis colegas, que canta en el Metropolitan, es muy rígido al respecto. Su esposa se ha quejado públicamente de que él rehúsa hacer el amor el día anterior a la función y el día posterior a la misma. Y —se lamenta— actúa dos veces por semana.
Les ruego me permitan obviar este tema en la descripción que voy a hacerles de un día de representación típico.
Una vez bien despierto y aseado, vocalizo seriamente durante dos minutos. Si mi voz está en buenas condiciones, interrumpo y descanso hasta que llega el momento de almorzar. Si compruebo que mi voz no está en condiciones, interrumpo de todas maneras, descanso y luego como. Empleo el tiempo pintando, tal vez leyendo. Trato de no ver gente porque el hecho de hablar implica un esfuerzo para la voz.
Después de almorzar, descanso durante varias horas, luego vocalizo nuevamente. Si la voz no aparece, la tuerzo, gritando, si es necesario, para que se haga presente. Finalmente, salgo en dirección al teatro. Cuando llego, vocalizo nuevamente para comprobar que no he perdido la voz en el trayecto.

* * *
La nueva casa que he adquirido en las afueras de Módena me produce una gran alegría. Es un lugar amplio, que otrora fue una gran finca. Tiene una casa principal grande; los establos están cerca. Hay asimismo un chalet algo extravagante, con cortinas simuladas pintadas sobre las paredes.
El edificio principal fue totalmente remodelado. Como detalle curioso diré que reconstruimos la escalera principal para que bajara hacia el salón de estar. En el segundo piso están mi dormitorio y el dormitorio de las niñas. El tercer piso tiene un acceso independiente y fue convertido en un apartamento para la hermana de Adua, Giovanna, su marido y sus cuatro hijos. Adua y Giovanna siempre han vivido con nosotros.
Estoy construyendo un hermoso apartamento para mis padres sobre los establos. Habrá también un lugar para mi hermana Gabriella y su hijo Lucca. Viviremos juntos en este sitio, todos nosotros. Quiero demostrar que aun en estos tiempos, las familias pueden permanecer unidas.
Desde la casa principal y hacia el lado opuesto a la entrada, se extiende una larga alameda. Son árboles altos y forman dos hileras rectas. Me parecen muy hermosos. A ambos lados de la alameda hay campo. Cuando compré esta propiedad, el gobierno local, que es comunista, me obligó a cederle una gran parte del terreno. Ahora no me pertenece, pero tampoco les pertenece a ellos. Se lo denomina “dominio gubernamental”. No puedo usarlo ni edificar sobre él, pero tampoco puede hacerlo otra persona. El gobierno podría llegar a convertirlo en un parque. Estoy haciendo tratativas para que lo designen “terreno privado gubernamental”, lo que significa que permanecería vacío eternamente.
Aún poseo una buena parte de terreno que puedo utilizar: mi intención es cultivarlo. Cuando sea productivo creo que ese lugar llegará a autoabastecerse en un ochenta por ciento del total. Mi padre era panadero, de modo que podría fabricar nuestro pan. Esta tierra puede producir un vino de tipo Lambrusco, algo suave pero de buena calidad. Además se puede criar ganado. En estos momentos ya tenemos ciruelos y árboles de damascos, y hay terreno suficiente como para cultivar todo tipo de verduras.
A medida que envejezca, espero pasar aquí cada vez más tiempo, y también deseo trabajar personalmente en mi propiedad. Fui granjero a los nueve años de edad, de modo que es lógico que termine mis días en la misma forma.

* * *
Quisiera hacer una pausa y hablar de algo que aprecio mucho: la comida. Una de las cosas más lindas de la vida es la forma en que regularmente tenemos que interrumpir lo que estamos haciendo y concentrar nuestra atención en comer. ¿Por qué no mencionarlo en una autobiografía?
Debe de ser evidente que me gusta comer. No me agrada tener un peso excesivo y me esfuerzo por adelgazar, a veces con éxito. Sé que mi peso ha influido en mi notoriedad. Quizás ha hecho que me destacara entre los demás cantantes y que mi imagen se fijara en la mente de las personas.
Por otra parte, pienso que ha perjudicado mi carrera en la misma medida en que la ha beneficiado. Es importante lucir bien sobre el escenario, aun para un cantante de ópera.
Además, para ser conocido en la actualidad es necesario aparecer en televisión, ya sea dando conciertos, concediendo entrevistas o participando en programas que se ocupan de noticias de actualidad como B sucedió con el fragmento del programa “Sesenta minutos” de la CBS, que mostraba mi viaje a Israel. En estas oportunidades es mucho mejor lucir bien y sé que la obesidad no luce bien.
No sé muy bien cómo sucedió. Comencé a aumentar de peso en los primeros años de mi carrera profesional, cuando cantaba en teatros de ópera europeos y en el Covent Garden. Sé que, en gran parte, se debió a todo el ejercicio que hice cuando niño. Siempre estaba practicando algún deporte y sólo me detenía para comer. Cuando mi carrera me imposibilitó seguir haciéndolo, quizás mi cuerpo se había habituado a la gran cantidad de alimentos que necesitaba para hacer frente a todo ese desgaste.
Puede que se haya sumado otro factor. Mi profesión es muy exigente y requiere mucha disciplina. Creo que, profesionalmente, cumplo con las exigencias, pero cuando estoy sentado a la mesa reacciono contra las constantes restricciones. El cantante de ópera está sujeto a una enorme presión, a una continua tensión nerviosa. Algunos cantantes reaccionan con ataques de nervios. Yo como.
He luchado contra este problema y continuaré haciéndolo. En el curso de esa lucha (tanto de aumentar como de rebajar de peso) he aprendido muchas cosas atinentes a la comida y me gustaría compartir algunos de mis descubrimientos. Por ejemplo, conozco el valor calórico de todo alimento perteneciente al mundo civilizado. En ese sentido, soy una especie de médico, pero no he de fastidiarlo con eso, pues es una información que puede hallarse en prácticos folletos.
En primer lugar, he aquí algunas ideas generales para controlar el peso. Creo firmemente que el vino en las comidas es funesto. Adoro el vino. Sin embargo, hay algo en la forma en que las calorías del vino reaccionan en presencia de otras calorías que parece potenciar su efecto. Me agrada beber, pero si un médico me prohibiera las bebidas fuertes no creo que ello me afectara mucho. Pero si me dijera que no debo tomar vino, me moriría. Sin embargo, cuando estoy siguiendo un régimen estricto no lo bebo. Sólo bebo gaseosas dietéticas.
Hay ciertas artimañas para hacer régimen. Una de ellas consiste en esperar todo lo posible antes de comenzar a comer, o, habiendo comenzado, hacer una pausa entre un plato y otro. El estómago ya se siente algo feliz porque sabe que va a recibir alimento.
Y, si uno puede demorar la ingestión de alimento después de haber comido algo —un plato de sopa, por ejemplo—, el apetito subsistente se calmará bastante.

-recuadro en la crónica-
Parla Luciano

Nació en Módena en 1935 y desde chico, con sus bromas y canciones, alegró a su familia. Hoy. Frank Sinatra lo considera —como medio Estados Unidos— "el más grande cantante del mundo, el tenor que hizo de la ópera un boom popular". Exageración aparte (sólo en Italia es posible sentir la popularidad de la ópera), el alegre Pavarotti ruge de celos cada vez que oye nombrar a Plácido Domingo. Incluso, acusa a su galaico colega de digitar una conspiración en su contra. En todo caso, prefiere recordar que después de Enrico Caruso sólo él sedujo al público norteamericano, ese insuperable mercado discográfico. Tal vez porque hace tres años reunió a 160.000 neoyorquinos en su recital del Central Park y recibe no menos de 70.000 cartas de admiradores al año. En su libro Mi propia historia (Javier Vergara Editor), en el que William Wright escribe sólo algunos capítulos, Pavarotti cuenta su vida e ilustra sobre su arte. Y no le faltan estilo ni calidez.

Revista Somos
08/02/1985

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