Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado

BALLOTAGE
El balance final
A diferencia de la noche del 11 de marzo, la del domingo 15 convocó a la algarabía tanto a los partidarios del Frejuli como del radicalismo. Ambos festejaron con igual intensidad un triunfo que objetivamente tenía proporciones muy distintas: el frentismo había alcanzado victorias más o menos rotundas en 12 de los 15 distritos donde se realizó la segunda vuelta, mientras que el radicalismo sólo conseguía imponerse en uno. Pero estos matices no impidieron que los estrategas de los dos partidos mayoritarios computaran, en el balance final, el éxito de sus banderas. Innegablemente el justicialismo y sus aliados habían logrado grandes progresos con respecto a la elección anterior, a tal punto de reforzar su mayoría en la Cámara alta y su hegemonía en el interior. La UCR, en tanto, a pesar del traspié cordobés, realizaba una excepcional actuación en la Capital, aumentando en casi 600 mil votos su caudal alcanzado en la primera vuelta y borrando, al menos parcialmente, la imagen de la derrota que había desatado pujas internas después del 11 de marzo.
Por lo pronto, el análisis del comportamiento del electorado en uno de los distritos más importantes del país por su nivel cuantitativo demuestra que si bien la Capital siempre fue adversa al peronismo —aun en sus mejores épocas—, la candidatura del nacionalista Marcelo Sánchez Sorondo tuvo un efecto polarizador sobre los sectores de centroizquierda, independientes y en algunos casos también peronistas, tal como se preveía. También reforzó las convicciones de la derecha y la centro-derecha que, en una opción tan tajante, se decidió por el radicalismo. Es decir que a la polarización antiperonista gorila se sumó el repudio de la izquierda y de sectores populares donde tradicionalmente el peronismo es mayoría; esto explica que el candidato frentista no sólo perdió en el centro sino también en la periferia, como Nueva Pompeya y Mataderos, circunscripciones que en la primera vuelta se habían volcado masivamente en favor de Héctor Cámpora. Los votos en blanco, en cambio, mantuvieron el porcentaje anterior, demostrando que sólo los sectores de ultraizquierda eligieron ese camino.

LA BRECHA FRENTISTA. Paradójicamente la victoria radical en el distrito metropolitano tuvo como consecuencia inmediata desplazar su crisis interna hacia las filas del Frejuli. En medio de la euforia, los frentistas aliados al justicialismo comenzaron a disparar sus dardos contra algunos sectores del peronismo, sobre todo la juventud, responsabilizándolos por las derrotas de la Capital y también por el papel cumplido en Neuquén y Santiago del Estero. La ofensiva de mayor vuelo partió del desarrollismo que por intermedio del matutino Clarín acusó a Sánchez Sorondo de derechista y a Juan Manuel Abal Medina de culpable por los resultados en las dos provincias donde triunfó el neoperonismo, además de convertirlo en el artífice de la candidatura del frustrado senador capitalino. La virulencia de la ofensiva llegó hasta el punto de afirmar que el secretario general del Movimiento Justicialista "cerró las puertas para un avenimiento con los Sapag y con los juaristas" y recordar qué su secretario personal, Horacio Maldonado, había expulsado a un grupo de la Guardia Restauradora Nacionalista que proponía una apertura hacia el peronismo hace cinco años, cuando era el máximo dirigente de esa organización. Estos ataques prologan la puja interna que ahora se dirimirá en el seno del Frente y que quedó parcialmente acallada después de la victoria del 11 de marzo. Es que los sectores desarrollistas ven con malos ojos el predominio de la juventud y la fuerza alcanzada por Abal Medina en el movimiento justicialista, a tal punto que lo consideran el peor enemigo a sus proyectos moderadores. La derrota abrió una brecha que seguramente aprovecharán tanto el desarrollismo como algunos sectores sindicales en un primer intento de desarticular la entente Cámpora-juventud-combativos, para alcanzar una mayor porción de poder antes del 25 de mayo. Los sectores duros, por su parte, tratarán de recomponer el equilibrio agitando la resonante victoria mendocina —72,7 por ciento— y cordobesa —54,1 por ciento—, donde los binomios ortodoxos ampliaron sus caudales respectivos.

EL AVANCE UNIONISTA. Para los radicales, en cambio, las perspectivas inmediatas son netamente distintas en el caso del ala más de la rúaconservadora del partido. El triunfo sin precedentes de Fernando de la Rúa —candidato independiente, aunque apuntalado por el unionismo— y la derrota del alfonsinismo en Córdoba (ver pág. 23) refuerzan sus posiciones y sus anhelos de reemplazar a Ricardo Balbín por uno de sus hombres en el Comité Central, cuando el veterano líder cese en su mandato en 1974. Por esa razón, Raúl Zarriello, presidente del Comité Metropolitano de la UCR y senador electo por ese distrito, defendió, la noche del domingo 15, la tesis unionista de participar en la segunda vuelta y eligió a Balbín como a un prócer de su partido. Es que la victoria frentista en Córdoba, donde el Movimiento de Renovación y Cambio había puesto sus principales esperanzas para reforzar sus posiciones y avanzar desde allí sobre la conducción partidaria, garantizó para el unionismo un camino sin espinas y sin sobresaltos para su estrategia futura. Esto a pesar de que sus candidatos perdieron estrepitosamente en Entre Ríos —65 por ciento— y que los alfonsinistas hicieron una buena elección en Misiones donde fueron superados por menos de 30 mil votos.

LAS MINORIAS. El ballotage computó además un singular deterioro para los planes del manriquismo. En los dos distritos donde se presentó, Santa Fe y La Pampa, sus candidatos fueron superados ampliamente por los frentistas. Este traspié evitará seguramente el aumento de las posibilidades de la Alianza Popular Federalista para desarticular a la UCR y captar su electorado, una idea barajada por los manriquistas desde el 11 de marzo ante el evidente retroceso radical. Para ambas fuerzas, que nuclean el electorado de centro y centro derecha, la hegemonía de la contraria podría resultar peligrosa para sus planes. Y de hecho, en los comicios del 15 de abril jugaron tácticas de desgaste hacia sus eventuales enemigos. Así por ejemplo, el frentismo se vio favorecido en Santa Fe y La Pampa con los votos radicales, mientras que en Córdoba un gran porcentaje del electorado manriquista, junto a los partidarios de la Alianza Popular Revolucionaria y algunos de la ultra-izquierda (sólo Vanguardia Comunista y el partido Revolucionario de los Trabajadores votaron en blanco) catapultaron a los candidatos del Frejuli hacia la victoria. En este distrito dos hechos fueron significativos: los votos en blanco descendieron con respecto al 11 de marzo (casi 30 mil menos) y la orden del partido Comunista de cortar boletas en favor del candidato a senador por el radicalismo, Carlos Becerra —dirigente del Encuentro Nacional de los Argentinos—, no prosperó, a tal punto que la fórmula frentista de gobernador y vice obtuvo menos votos que José Antonio Allende, el candidato a la cámara alta. Para las fuerzas conservadoras, mientras tanto, la segunda vuelta resultó más catastrófica que la primera. A la derrota del partido Demócrata mendocino se unió la del pacto Liberal-Autonomista en Corrientes, la del partido Bloquista en San Juan y del Movimiento Popular Provincial en San Luis. En Corrientes, los liberales-autonomistas perdieron por primera vez en su historia política una elección luego de la caída del primer gobierno peronista y los bloquistas sanjuaninos no tuvieron mejor suerte a pesar del apoyo que le brindó el radicalismo que aspiraba, a cambio de su respaldo, la colaboración de sus legisladores en el Congreso.

LOS NEOPERONISTAS. Esta táctica de la UCR —prestar apoyo a los partidos provinciales para sumar legisladores a su minoría en las cámaras— se repitió en Neuquén y en menor medida en Santiago del Estero. Es que tanto Sapag como Juárez tienen las puertas cerradas, por el momento al menos, con el peronismo y esto les obligará a actuar en alianza con otras fuerzas para no quedar aislados en el Congreso. En ambas provincias los candidatos, ayudados por las maquinarias gubernamentales, no tuvieron problemas para alcanzar su triunfo. En Neuquén, un feudo inexpugnable de los hermanos Sapag, la elección se repitió casi sin variantes con respecto a la primera vuelta, tal como preveían hasta los mismos frentistas. En Santiago, en cambio, los estrategas del Frejuli esperaban una victoria ajustada de su candidato a senador (no se votó por gobernador), pero, sin embargo, cosecharon idéntico caudal que el 11 de marzo, mientras que los juaristas (apoyados por la Alianza Popular Revolucionaria y el partido Comunista a pesar de que Carlos Juárez es un peronista de derecha, socio de Juan Luco, el ex secretario de Trabajo de Roberto M. Levingston) aumentaba sus porcentajes. De todas maneras, el peronismo demostró su vigencia, aún con mayores bríos, asegurándose una cámara de senadores mayoritariamente adicta —igual que en diputados— que le augura un tranquilo predominio al menos en ese terreno. La UCR, en cambio, deberá recurrir a circunstanciales aliados para mantener una línea de opción o de oposición que difícilmente pueda dar sus frutos.
Panorama
19.04.1973
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