Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado

Music Hall - Café Concert
quilapayúnNo sigan allí, sentados
Pantalón negro y poncho del mismo color, como un manto, del cuello a los pies, la imagen implacable de un coro testimonial, los Quilapayún entregan un repertorio nutrido en distintas versiones, de diferentes partes del mundo, sobre un mismo tema: el hambre de libertad.
Su estilo exhibe riquezas desusadas en el medio, una simpatía espontánea, un canto que surge natural y cálido, una inteligencia certera, un humor corrosivo y, sin embargo, tierno. Sin duda, es en la trayectoria del conjunto donde reside la explicación de tantas excelencias.
En 1965 comenzaron como trío y se bautizaron en lengua mapuche (quila: tres; payún: barba). Sucesivos cambios arribaron a la fórmula actual; y, pese a que prefieren funcionar como equipo en toda manifestación pública, acceden a desglosar brevemente sus personalidades, por riguroso orden alfabético.
Eduardo Carrasco (31), licenciado en filosofía, catedrático, toca la quena, es barítono-bajo y el más antiguo integrante del conjunto. Rubén Escudero (22), ingeniero industrial, toca charango, quena y guitarra, también es barítono-bajo y el más reciente ingresado al conjunto. Hernán Gómez (26), estudiante de ingeniería, toca guitarra y charango, su registro es también de barítono-bajo. Guillermo Oddo (27), licenciado en tecnología química, interpreta bombo y guitarra y es barítono. Rodolfo Parada (25), ingeniero metalúrgico, catedrático, toca la guitarra y el cuatro, es barítono-tenor. Carlos Quesada (30), egresado de Diseño, guitarrero y percusionista, voz de tenor.
Dedicados a investigar los límites extremos de su tarea, “decidimos algo que, en realidad, el medio nos demostraba sin cesar; no era en los canales tradicionales del espectáculo y la difusión donde podíamos entregar nuestro canto. Recurrimos entonces a los sindicatos, al C.U.T. (Central Unica de Trabajadores) y a las organizaciones estudiantiles. Y cantamos para ellos’’.
De esos encuentros en fábricas y aulas, en estadios y teatros, a lo largo de todo Chile, se diseñó el estilo, se enriqueció la fórmula de los Quilapayún. Sin actuar jamás en radio, sin hacer más que una aparición en televisión ("cuando ya había ganado Allende”) por la que recibieron un primer premio, sin apoyo oficial ni concesiones "a la mala conciencia burguesa", llegó el día en que "hasta el gobierno demócrata-cristiano, dispuesto a nombrar un conjunto que representara a Chile en el extranjero, se vio obligado a elegirnos para esa tarea."
Han hecho dos giras por Europa, sus siete longplays se editan de Japón a Holanda, de Uruguay a París. "Pero el 90 por ciento de nuestras actuaciones no nos reportan beneficio alguno. Y sólo planeamos recitales económicamente gratificantes cuando necesitamos renovar algún instrumento, o cubrir otro gasto por el estilo."
Convencidos de que "la música culta no tiene ,por qué ser privilegio de una clase”, propiciaron la creación de varias cantatas. La de Santa María de Iquique (única estrenada por ahora), narra la masacre, en el Colegio de Santa María, del puerto de Iquique, de 3.600 trabajadores de salinas, sus' mujeres y sus niños, que descendieron a la ciudad pidiendo reivindicaciones salariales.
Clara y bellísima, como todas sus canciones, pero con un aliento más trágico, la Cantata tiene un estribillo revelador: "no hay que ser pobre, amigo / es peligroso”, un final implacable:
Ustedes que ya escucharon
la historia que se cantó
no sigan allí, sentados,
pensando que ya pasó.
No basta sólo el recuerdo,
el canto no bastará.
No basta sólo el lamento,
miremos la realidad.
Es posible que los primeros destinatarios de este mensaje deban ser, en la Argentina, los supuestos iguales de este equipo de lucidez excepcional: los protestadores bien integrados de la fauna nativa, que claman por la justicia en locales penumbrosos, para un público que paga muy cara la copa de la culpa social.
A B.

maría vanerDIVAS
De la diversión a la reflexión

Como en la pantalla, sobre el escenario María Vaner se dilata y embellece. Y es en la proximidad de un cafécon-cert donde ha elegido reinventar su estilo de intérprete-cantatriz. El espectáculo se llama En este mismo instante y contiene 19 temas, cantados y recitados, que Vaner seleccionó insistiendo, sobre todo, en el repertorio de Facundo Cabral y en temas de su rubio partenaire, Alberto Wang.
María canta con el tono grave y lejanamente español que recuerda a su madre (María Luisa Robledo) y dice con los recursos de una actriz inteligente, con la sutileza de quien presupone esa misma inteligencia en sus espectadores. Consigue, así, dotar de realidad y fervor textos que el propio Cabral desvaloriza mecanizándolos; y sumar, al género la cuota de humor imprescindible.
Porque desde las raíces del cabaret literario, los cantastorie que pretenden testimoniar saben, como Brecht, que es en la sonrisa que se hiela, en la carcajada revulsiva, donde está su mejor vía de comunicación. Por eso, los primeros tres temas entonados por Vaner, empantanados en sentimientos sobre los que los autores (Cabral y Egle Martín) no ofrecen distancia, carecen del interés que el espectáculo despierta a partir de La insatisfecha, un disparate regocijante, de Wang y Ricardo Mitre. El dueto autoral repite su acierto en otros temas, como El dinero no hace la felicidad, donde Alberto y María parodian con deleite mecanicismos reconocibles. Debutante en el medio, María aporta imagen y estilo demasiado infrecuentes y nutre su show de un clima poco común, en que diversión y reflexión, gracia y testimonio se entrelazan naturalmente.
A. B.
PANORAMA, JULIO 27, 1971
 
 

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