Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado

orquesta sinfonica del estado argentino
Tiene ya la Argentina su Orquesta Sinfónica del Estado
por M. GARVI
Hace pocos meses dió su concierto inaugural la Orquesta Sinfónica del Estado ante un público selecto y expectante que llenaba la sala del Teatro Colón de Buenos Aires y que le brindó su aplauso cálido y consagratorio.
No podía ser otro el lugar de bautismo de la nueva orquesta, ya que las paredes del importante teatro encierran la historia del desenvolvimiento musical de nuestro país. El debut de la Orquesta Sinfónica del Estado marca una etapa trascendental en esa historia, pues nos equipara a los más adelantados países del mundo, que cuentan, desde hace muchos años, con su conjunto musical del gobierno.

Corporización de un viejo anhelo
Muchas veces se había hablado de la necesidad de crear una orquesta sinfónica oficial. Se lanzaron iniciativas, se esbozaron proyectos, pero el sueño de tantos aficionados a la buena música, de entidades artísticas oficiales y privadas, no pasó de tal. Y eso ocurrió durante más de 30 años.
Ahora, por fin, el pueblo argentino, tan sensible a las manifestaciones musicales, ha visto corporizarse ese viejo anhelo.
La razón ha sido una y muy simple: el gobierno actual ha dedicado preferente atención a los problemas culturales que atañen directamente al pueblo. Y dentro de esos problemas, los relacionados con la música, que tan primordialmente incide en la educación espiritual del hombre, no podían dejar de preocuparle.
La Subsecretaría de Cultura del Ministerio de Educación de la Nación, que por sus funciones específicas es la encargada de hallar solución a esos problemas, tiene a su frente a un hombre —don Antonio P. Castro— que vive intensamente la hora presente de renovación total de valores, y trabaja con tesón y clara visión de la realidad, imprimiendo al organismo a su cargo el dinamismo necesario para que se vayan realizando todos esos proyectos que redundan en beneficio de la cultura del pueblo.
Por eso, el Subsecretario de Cultura impúsose la tarea de hacer cristalizar el viejo proyecto, allanando toda clase de obstáculos para lograr su propósito, y un año después de firmado el decreto del Poder Ejecutivo que disponía la creación del organismo artístico, la Orquesta Sinfónica del Estado enfrentaba airosamente la opinión de la crítica y el veredicto del público, en un concierto magnífico.
Ese año transcurrido fue de labor constante y de superación de dificultades. El llamado a concurso para los distintos instrumentistas que debían integrar la orquesta señaló una halagadora realidad al inscribirse más de 800 músicos, seleccionándose 92 tras rigurosos exámenes para las plazas permanentes, de los cuales el 97 % son argentinos. Por otro concurso se proveyó el puesto de subdirector del organismo, encargado de la preparación y conducción de la orquesta, eligiéndose al prestigioso maestro Roberto Kinsky, que evidenció ponderables cualidades en la difícil tarea de armonizar, disciplinar y conducir el flamante conjunto. Luego vino la tarea de la formación del repertorio y los ensayos continuados, necesarios para dar a la orquesta la unidad y ductilidad requeridas por su alta jerarquía.
Las sucesivas presentaciones en público han acusado el resultado de la esmerada preparación del conjunto, por su mayor “afiatamiento” y la constante superación de sus interpretaciones.

Proyecciones culturales de la nueva orquesta
Siendo la música uno de los bienes de cultura más accesibles a la mayoría de las personas, cualquiera sea su capacidad intelectual, y al mismo tiempo, propicio para ser asimilado por el espíritu en todas las edades, fácil es colegir la extraordinaria importancia que su difusión tiene en la cultura artística del pueblo.
Por ello, la función a llenar por la Orquesta Sinfónica del Estado es trascendental y abarca distintos aspectos: en primer lugar, la realización de conciertos periódicos, no solamente en la Capital Federal sino en toda la República, cumpliéndose así uno de los propósitos que postula la Subsecretaría de Cultura de la Nación, al afirmar que está al servicio del país.
Buenos Aires, por su innegable gravitación, es uno de los centros artísticos más importantes del mundo, ya que por sus salas desfilan los artistas, directores, músicos, conjuntos corales y orquestales de mayor jerarquía internacional; pero el interior del país, que no ofrece tan buenas perspectivas comerciales, veíase huérfano de esos espectáculos, a los cuales sólo tenía acceso —muy fragmentariamente— a través de algunas audiciones radiotelefónicas. Y en lo que respecta a orquestas de categoría.
la Capital acaparaba las principales del país, netamente locales: la Sinfónica de la Municipalidad de Buenos Aires, la de la Asociación del Profesorado Orquestal y la del Teatro Colón.
Ahora la Orquesta Sinfónica del Estado irá al interior y dará asimismo conciertos
gratuitos para obreros, empleados y estudiantes, llenando así la finalidad de su creación: ser un instrumento de cultura al servicio del pueblo argentino.
En segundo lugar, al incorporar a los programas, junto a las más famosas obras del repertorio internacional, la producción de los compositores argentinos de mérito, contribuirá a la divulgación de los valores nacionales.
En tercer lugar, brindará la oportunidad de actuar en ella a directores y solistas argentinos, alternándose con figuras de relieve mundial y permitiendo un cotejo beneficioso para el perfeccionamiento artístico de los intérpretes.
Además, realizará grabaciones fonoeléctricas de música argentina —clásica y autóctona— para difundirla, por medio de nuestras representaciones diplomáticas, en el exterior.
Tales las proyecciones de la nueva Orquesta Sinfónica del Estado, que concurren a hacer de ella una verdadera Institución nacional, por sus elementos constitutivos, en su mayoría argentinos, por la preferente inclusión de música argentina en su repertorio; por la labor difundidora de los valores artísticos argentinos, y por su contribución a la formación cultural del pueblo argentino.
Revista Argentina
01.04.1950

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