Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado
![]() |
||
| Apolo 9: el último test Una semana antes del proyectado, lanzamiento de la Apolo 9, la NASA proporcionó a SIETE DIAS fotos e información exclusiva sobre los preparativos previos al vuelo, que pone a prueba el nuevo módulo lunar. De su resultado depende que éste sea el último intento previo al lanzamiento de dos exploradores de la superficie selenita. De ser así, 1969 será el año en que el hombre pise, por primera vez, la Luna “El vuelo de diez días de la Apolo 9 será la última misión tripulada que circunvolará la Tierra en los próximos dos años”, aseguró la semana pasada un vocero de la NASA (Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio) en Cabo Kennedy. Aunque los últimos detalles vinculados al lanzamiento de la aeronave absorbían a los expertos y a la opinión pública mundial, las 5 mil empresas industriales comprometidas en el proyecto Apolo y las 300 mil personas que posibilitaron el vuelo continuaban trabajando en la concreción de las próximas aventuras del cuerpo de 52 astronautas cuyo objetivo final es pisar la Luna, explorarla, preparar su conquista definitiva. Durante el resto de 1969 y probablemente también del año próximo los vuelos tripulados norteamericanos serán lunares; cada periplo —como el que ahora tiene por protagonista a James McDivitt, David Scott y Russell Schweickart— llevará tres tripulantes a bordo. Al vuelo de diez días de la Apolo 9 seguirá otro en abril o mayo de la Apolo 10. Esta misión tendrá por objeto poner a la astronave en órbita alrededor de la Luna y en el pequeño vehículo que técnicamente se llama módulo lunar, pero que en Cabo Kennedy se denomina familiarmente 'escarabajo', dos de los astronautas de la Apolo 10 se acercarán a una distancia de 15 kilómetros de la superficie selenita. Tampoco en este vuelo se intentará un descenso —aunque algunos técnicos optimistas no descartan esa posibilidad—, sin embargo unos meses después —probablemente en julio o agosto— la Apolo 11 intentará la osadía de colocar en el satélite terrestre a dos de sus tripulantes. Con un compás de espera de otros dos meses, es posible que en setiembre u octubre la Apolo 12 repita la hazaña de su antecesora y así, a bordo del escarabajo, los astronautas exploren más intensamente la superficie lunar. Finalmente, a fines de 1969, una tercera expedición recorrerá el satélite selenita y de tal manera se prevé que durante el año tres misiones norteamericanas auscultarán la Luna, siempre que no se produzcan demoras o contratiempos demasiado serios. Para 1970 otros dos vuelos (Apolo 14 y 15) irán a la Luna y recién en 1971 los astronautas volverán a circunvolar la Tierra; los Estados Unidos proyectan iniciar ese año el Programa de Aplicación del Apolo, que consistirá en lanzar en tomo al planeta astronaves que se mantendrán en órbita por períodos de 28 a 56 días y servirán como talleres cósmicos. UN ESCARABAJO EN EL ESPACIO Sin embargo, para que todo este plan pueda concretarse, resulta vital que las tareas de la Apolo 9 se cumplan con precisión cronométrica. Esta cosmonave efectúa así el más apasionante ensayo general de la historia astronáutica y sólo en el caso de que este último test produzca los resultados esperados no se alterarán los proyectos previstos para los próximos años. No es casual, entonces, que el principal personaje de la aventura de la Apolo 9 sea el escarabajo lunar, un pequeño vehículo con aspecto de robot que tiene una suerte de patas; con esos soportes extendidos, el artefacto tiene 6,9 metros de alto y 9,2 de diámetro. Este módulo, diseñado para separarse de los otros sectores de la astronave, llevará a dos tripulantes de la Apolo 9 lejos del aparato madre y éstos se manejarán “en su pequeño vehículo lleno de instrumentos científicos como en un bote salvavidas que abandona el costado de un barco con rumbo a una playa desconocida” según describe el escritor norteamericano William Howard; está previsto que esta salida del módulo lunar se produzca en el quinto día de un viaje que durará diez. Los tripulantes son tres experimentados pilotos de pruebas que pasaron más de cinco años en un proceso de adiestramiento; cada uno tiene título universitario en ingeniería aeronáutica, además de haber completado estudios de investigación aeroespacial. El comandante de la Apolo 9, James McDivitt (39 años), nombrado astronauta en 1962, fue también el jefe de la Géminis 4, que en junio de 1965 completó un circuito de 4 días y 62 órbitas. El piloto de la cápsula principal, David R. Scott (36), obtuvo su título de licenciatura con una tesis sobre la navegación interplanetaria y fue designado astronauta en octubre de 1963. También tiene experiencia en aventuras espaciales porque fue uno de los tripulantes de la Géminis 8, que en marzo de 1966 concretó el acoplamiento de dos vehículos en órbita terrestre. El "benjamín” del equipo es Russell Schweickart (33), quien realiza esta vez su bautismo espacial; consagrado astronauta en 1963, ya antes había ocupado una cátedra como investigador especializado en física atmosférica y astronomía aplicada en el mundialmente prestigioso instituto de Tecnología de Massachusetts. El multifacético Schweickart había sido previamente —y durante 5 años— piloto de la Fuerza Aérea. ANTES DEL DEBUT Como actores de un drama cuya platea es toda la población del planeta, los tres astronautas efectúan una avant premiere que repite con exactitud cada uno de los gestos que harán los pasajeros de la Apolo 11 cuando intenten el descenso lunar. También como los héroes del próximo vuelo —y de todas las experiencias sucesivas— los tripulantes de la Apolo 9 fueron impulsados por el cohete Saturno 5, que pesa 3.100 toneladas y es capaz de consumir 15 toneladas de combustible por segundo durante sus escasos 3 minutos y medio de funcionamiento; este gigantesco artefacto puede generar una potencia de 3.375 kilos de empuje. Después de poner en una órbita con forma de elipsis a la astronave, sus tripulantes simularán algunos de los preparativos necesarios para el viaje a la Luna. Por ejemplo, harán el recuento a la inversa que es imprescindible para hacer funcionar el cohete que sacará a la Apolo 10 de la órbita terrestre y la enfilará en dirección lunar. Claro que en este vuelo de prueba a ninguno de los tres se le ocurrirá presionar los botones que ponen en marcha este mecanismo; lo insólito de esta aventura consiste en que los astronautas ya no estarán encerrados en las cabinas de prueba que se usan en el Centro Espacial de Houston, Texas, sino que deberán realizar sus ensayos en el espacio, rodeados de los peligros naturales de una situación en la cual se han previsto todas las dificultades, pero donde subsiste el imponderable del azar. Una de las maniobras más peligrosas será sin duda la puesta en funcionamiento de los motores a reacción que harán cambiar de posición al escarabajo con respecto a la cápsula principal. La acción más espectacular —el vuelo independiente del módulo por el espacio durante el quinto día— servirá para probar el funcionamiento del motor de descenso y despegue. Pero antes de esta culminación de las tareas de la Apolo 9, el debutante Schweickart dará un paseo de dos horas por el espacio, cuando el escarabajo y la nave madre estén totalmente separadas entre sí. En la última prueba, McDivitt y Stehweickart volverán a acoplar el artefacto a la cápsula principal, donde los estará esperando Scott. Para unirse a él, los dos astronautas recorrerán el túnel que conduce del escarabajo a la nave central y después expulsarán al pequeño robot que permanecerá en órbita en tomo a la Tierra: no fue diseñado para volar por la atmósfera terrestre y por lo tanto no puede volver al punto de partida acoplado a la Apolo 9. Si el test demuestra que el vehículo lunar es capaz de volar bajo el control de los astronautas y se acopla sin mayores problemas con el resto de la astronave, todo estará preparado para la exploración de la superficie del satélite. SOBRE EL BLANCO Aunque parezca aventurado, ya puede predecirse con absoluta precisión qué sucederá mientras el escarabajo se dirija realmente hacia la Luna, dentro de pocos meses. Cuando las próximas cápsulas espaciales lleguen a 120 kilómetros de la superficie lunar, el pequeño vehículo se separará al encenderse su propio cohete (4.760 kilos de propulsión), El módulo cumplirá una órbita ovaladal que lo llevará hasta 16 kilómetros sobre el satélite terrestre y a 5.760 kilómetros por hora; entonces disminuirá su velocidad hasta quedar suspendido a una altura aproximada de 150 metros. El contacto lunar se hará cuando la nave se mueva apenas a 11 kilómetros por hora; después ya estarán en la Luna y durante todo el operativo de descenso fa cápsula madre sobrevolará el lugar para que los astronautas puedan regresar a ella en caso de que surja algún peligro no previsto. Como la radiación solar constituye una amenaza permanente, los astrónomos, desde la Tierra, mantendrán una vigilancia constante para prever las llamaradas de Sol o eventuales lluvias de meteoritos. Los tripulantes iniciarán sus exploraciones selenológicas, equivalentes a los estudios de geología que se efectúan en la Tierra. El objetivo de estas búsquedas será desentrañar un viejo misterio: saber de qué está hecha la superficie del satélite. También se instalarán contadores dé radiación y con una cámara de televisión portátil se enviarán imágenes lunares. Los próximos vuelos Apolo traerán a la Tierra 36 kilos de materiales existentes en la superficie selenita, dentro de un recipiente especial, a prueba de aire. Basándose en estos elementos, los científicos esperan obtener mayores conocimientos acerca del origen de la Tierra y de todo el sistema solar. Los astronautas preverán el posible hallazgo de agua: algunos sabios creen que es posible encontrarla en forma de hielo glacial debajo de la superficie. Esa agua puede ser muy importante para establecer una base lunar permanente en el futuro, ya que podría usarse para suministrar combustible a futuras naves espaciales en su regreso a la Tierra. Los exploradores se encontrarán —quizá— con algunas sorpresas científicas y posiblemente hasta con rastros de vida extinguida hace mucho tiempo, que date de la época en que la Luna tenía atmósfera. Todo ello en caso de que esta teoría acerca de la atmósfera lunar tenga real asidero; sin duda los viajes al satélite servirán para sacudir numerosas hipótesis científicas y confrontarlas por primera vez con pruebas concretas. Después de dormir durante unas horas, los visitantes habrán dado fin a su arriesgada excursión selenita; cuando la nave Apolo —que después del descenso habrá desaparecido del horizonte— vuelva a mostrarse sobre sus cabezas, los tripulantes del escarabajo emprenderán el vuelo de regreso a la cápsula madre. El motor de ascensión (con fuerza impulsora de 1.590 kilos) funcionará durante 6 minutos hasta que el vehículo alcance nuevamente su velocidad orbital de 5.760 kilómetros por hora; unos sesenta minutos después se producirá el acoplamiento entre la cápsula Apolo y el pequeño vehículo lunar. En caso de necesidad el piloto de la Apolo puede acercarse al escarabajo y acometer un operativo de rescate. Una vez que los dos exploradores se hayan reunido con su compañero en la cápsula madre, con sus 36 kilos de material selenita, el escarabajo será abandonado para que siga flotando en el espacio. Todo esto será posible cuando la Apolo 9 culmine su experiencia indagatoria; sin duda la historia recordará la hazaña de McDivitt, Scott y Schweickart anotando la evidencia innegable de que sin su colaboración tos adelantados de la Edad Espacial no podrían iniciar la increíble aventura de poner tos píes sobre la Luna. -pie de fotos- Arriba: reconstrucción del instante en que el astronauta sale del escarabajo para dirigirse a la nave matriz. Los ensayos previos (abajo) permitieron evaluar las posibilidades del módulo lunar. |
||
![]() |
||
|