Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado

bernadette levlin
Bernadette Devlin: Palabras claras
"Está en el interés ¡directo de la clase obrera inglesa que ésta se libre de su actual vínculo con Irlanda... Durante muchos años creí que sería posible acabar pon el régimen irlandés por el ascendiente de la clase obrera inglesa... Un estudio más profundo me ha convencido de que la clase obrera inglesa nunca hará nada mientras no se libre de Irlanda. La palanca está en Irlanda”
Marx a Enges, diciembre de 1869.

"Quiero que un hombre público se adelante y diga cuál es la cuestión irlandesa”
Benjamín Disraeli, premier británico en 1868 y 1874-80.


Desde estas páginas, Panorama ha intentado analizar esa cuestión en más de una oportunidad, tratando de ofrecer junto con la crónica de la guerra civil desatada sobre la provincia del Ulster, su interpretación en una clave que eludiera la fácil referencia al problema confesional (católicos versus protestantes). Parte de tal esfuerzo se consagra a continuación a reproducir los tramos más significativos de una entrevista que Bernadette Devlin (25), diputada del Mid Ulster ante la Cámara de los Comunes, concedió a Sarah Hannigan, cronista del diario de la Liga Socialista del Trabajo Workers’ Press, editado en Londres.
PREGUNTA: —En 1969, grupos como el partido Comunista y los Socialistas Internacionales se opusieron a la LST, que reclamaba el inmediato retiro de las tropas del Ulster. ¿Cree que ese retiro es algo que sólo puede lograrse en el combate, de modo que las clases obreras inglesa y norirlandesa, ya unidas, obliguen al gobierno conservador a renunciar?
BERNADETTE DEVLIN. Sí, ésa siempre fue mi línea, y la he seguido contra gente como la del Grupo Marxista Internacional. Uno de los clamores más ridículos que hayan surgido en Irlanda es el clamor del "imperialismo socialista". Este tiene paralelo en todos los sectores de la izquierda británica, cuya línea para los obreros irlandeses sería: "Nosotros libramos la batalla, ustedes ayúdennos y nunca pregunten qué es lo que hacemos”.
Considero que si vamos a hablar de la presencia de las tropas británicas, no podemos aislar ésa de otra cuestión: ¿quiénes son las tropas británicas? ¿Cómo se consiguen tantos soldados sin conscripción? El desempleo aumenta y la propaganda del Ejército apela a todo adolescente que gane menos de 18 libras (450 pesos ley). Esos muchachos entran en di Ejército, pero no se meten en un sindicato o en un movimiento socialista para hacer algo en una situación donde un adolescente gana menos de 18 libras semanales.
No creo que sea "concesionalismo”, como dice el GMI, referirse a la lucha de clases en el Reino Unido y en Irlanda y al hecho de que es el mismo gobierno quien crea la desocupación en Inglaterra y envía tropas al Ulster. Ellos opinan que yo debería ir y decirles a los trabajadores británicos: "Miren, lo lamento por sus problemas, pero tienen que estar contra el Ejército únicamente porque nos ocupa Irlanda. Mándense mudar, no hay nada que hacer con la política de clase de ustedes”. Y eso no es verdad. Creo, sin duda alguna, que las tropas tienen que irse, pero no es posible reclamarlo si al mismo tiempo no exigimos un cambio, con un programa político. Yo alizo un programa político que sé que los conservadores ni sueñan con admitir; que sé que el sistema es incapaz de admitir.
No estoy de acuerdo con redamar que "las tropas vuelvan a los cuarteles" si eso no significa que también se vayan del país. Los soldados no existen para vivir en los cuarteles. Están allí porque deben cumplir una función. Lo que de veras implica aquel reclamo es que ustedes les quitan las tropas de encima a los católicos, los dejan seguir luchando y, si en el proceso los obreros protestantes salen con un viernes siete, sacan las tropas de nuevo y masacran a los obreros protestantes. Lo cual admite en sí mismo que ustedes no lograrán un programa que tire abajo al sistema.
De modo que lo digo bien claro: echen a las tropas británicas, sabiendo que dios [el gobierno] no pueden echarlas, sabiendo que la situación no les permite que las echen. Ese es su problema, y no el mío. Como en el caso de los salarios y de pleno empleo, ignoran cómo hacer, pero no es mi problema. Mi problema no es cómo el gobierno conservador resuelve d problema de Irlanda del Norte.
—El PC se opone a aquel reclamo. Los socialistas internacionales dicen que ahora están por el retiro de las tropas, pero contra la deposición del gobierno. ¿Cuál es su posición?
—Los SI están por el retiro de las tropas y lo estuvieron poco después de 1969. Sería mucha más fácil entender que lo estén ahora si —como dije— hubiesen aceptado que andaban errados en 1969. La gente vería que hoy actúan con mayor claridad. Pienso que también están de acuerdo sobre la línea de derribar a los conservadores. Por lo menos, en todas las charlas que con dios tuve sobre su plataforma se mostraron a favor de la necesidad de derribar al gobierno conservador. No me parece mal proclamar —por ninguna otra razón que por Irlanda— "Abajo los conservadores”. Pero sé que hay 150 razones más, y veo que la solución de derribar a los conservadores se conecta con el entendimiento de que él próximo gobierno laborista no será mejor. De hecho, tendrá que ser peor que el presente.
—Hace poco usted dijo en Londonderrry que los verdaderos aliados de los obreros católicos eran los obreros protestantes. Días después, hablando en Belfast, no se refirió a este punto. ¿Hubo alguna razón para su inconsecuencia?
—Ninguna. Probablemente no me referí al asunto a causa de la situación inmediata de Belfast. Por supuesto, no es cosa que haya dejado de pensar. La utilizo la mayoría de las veces cuando hablo. Trato de explicar que no somos más militantes que los nacionalistas militantes porque seamos más antiprotestantes. El enemigo de ellos es la clase obrera protestante. Si hablé y no me referí a eso no fue por motivos de principios, sino por la situación de practicidad, que constituye uno de mis puntos flojos. Pero debo hacerlo. Resulta más fácil sentarse aquí [en Londres] y ver grietas dentro de lo que pasa en Irlanda del Norte, que estar en una situación donde no sólo importan las explicaciones a los obreros y la lucha por el socialismo, sino también el problema cotidiano de ir de pueblo en pueblo, cuando es probable que alguien diga: "A Fulano le pegaron un tiro" y “Tal o cual zona está cercada”. Uno sufre porque le falta una visión clara, porque no es capaz de decir: “Perdón, no es problema mío”. Tendría que haber una. mejor división del trabajo. Una manifestación donde es importante hacer discursos, es importante. Pero en la situación inmediata, cuando alguien pide: “Vengan a nuestra zona, los soldados están haciendo razzias”, resulta menos importante. Uno se halla a punto de asistir a una conferencia de la izquierda; algo repentino estalla, y va ahí en vez de ir allá. A largo plazo, no es cosa que haya que hacer por principio, pero en la situación inmediata es lo único que se puede hacer.
—¿Cómo es posible emprender una campaña contra la internación [de sospechosos de terrorismo] sin hacer de la lucha para unir a la clase obrera y forzar a que el gobierno conservador renuncie la clave central de tal campaña? Si así no se hiciere, ¿no existe el peligro de que la lucha contra la internación se trasforme en una ¡protesta Reformista como la que aboga por los derechos civiles?
—Pienso que existe un grave riesgo de que eso suceda. Se ve mejor si usted toma el argumento o slogan “basta con la internación”, y lo lleva hasta sus límites. Nosotros, en la izquierda, decimos que el fin de la internación no es la liberación de los 300 y pico de civiles internados. Eso es sólo liberar internados. Acabar con la internación significa terminar con el aparato legal que la permite, lo cual me parece perfectamente lógico. No tiene sentido liberar internados hoy y conservar el aparato mediante el cual se puede volver a agarrarlos mañana. El partido Demócrata Socialista, el partido Laborista y el partido Comunista de Irlanda consideran que acabar con la internación es vaciar el campo de Long Kesh [uno de los lugares —son 3— de internación en el Ulster]. Sus energías están consagradas a la liberación de los internados. Objetivamente, la línea de los socialdemócratas y de los laboristas consiste en imputarles cargos, llevarlos ante un tribunal y después devolverlos a Long Kesh por
orden del magistrado, cosa que vuelve respetable el trámite. Ahora, dicen, ya no son prisioneros políticos, porque han sido procesados: se trata de criminales.
Con denunciar a unos pocos protestantes, la brutalidad, la tortura y la verdadera instigación a la internación se vuelven respetables de la noche a la mañana. De manera que si en verdad hay que evitar que eso se trasforme en campaña reformista, el reclamo por el fin de la internación tiene que abarcar la explicación de por qué es necesario, cuál es el modo de existencia de un sistema que actualmente ha llegado al estadio que admite sin tapujos que para continuar tal existencia resulte forzoso ir contra las propias leyes.
Ellos hacen las leyes, los tribunales son suyos, cosa que todos entienden en Irlanda del Norte. No hace falta instigar a los tribunales para que den un bonito tratamiento a la clase obrera en agitación. Pero las autoridades reconocen que hasta sus tribunales, sus soldados y su policía, ya no pueden contener la situación o mantener di propio poder en su beneficio, y que han llegado a la última arma de la represión, que se resume en: “A los que no logren pegarles un tiro, agárrenlos e intérnenlos”. A menos que se entienda sobre esta base, no tiene sentido hablar del fin de la internación, porque el fin de la internación, por sí mismo, requiere el fin de la. administración de Irlanda del Norte. Un reclamo no puede separarse del otro. Y en este país [Gran Bretaña] creo que acabar con la internación resulta necesario para derribar a los conservadores. Porque si ustedes derriban a los conservadores por el problema de la internación, será mucho más difícil para un gobierno laborista acceder al poder y decir: “Miren, también tenemos que mantener la internación”.

--recuadro en la crónica--
La diputada y los guerrilleros
Los siguientes son fragmentos de un discurso parlamentario pronunciado por Bernadette ante la Cámara de. los Comunes en enero pasado. Esas palabras hacen ¡referencia a los guerrilleros del Ejército Republicano Irlandés (IRA), que combaten contra los 15 mil hombres despachados desde Londres para reprimir los pujos independentistas de Irlanda del Norte.
(...) El IRA no se escurre por la frontera en lo profundo de la noche, como se ha dicho. Está enraizado en las comunidades donde actúa y viva, y donde lo sustentan. El IRA está listo para emprenderlas contra todo cuerpo hostil, para emprenderlas contra todo invasor. Por eso, creyendo en el concepto básico de destruir el Estado, aparece ante la comunidad en los ghettos católicos como representante —sobre un nivel sencillo— de las mismas aspiraciones que aquéllas poseen.
Así, si el líder de la oposición [Harold Wilson, ex premier] dice que obtendrá una victoria militar sobre el IRA, permítaseme declarar a esta Casas: eso, simplemente, no corre. No se lo puede hacer declarando que se extirpará al último guerrillero, que se buscará una victoria militar con todo, lograda sobre la comunidad católica de la que proviene el IRA.
Lo que tendrán que hacer para arreglárselas y derrotarlo, o pedirle que clave sus tiendas en otro lado... (VOCES DE LEGISLADORES: ¡No es ver dad!). Los Honorables Miembros pueden decir que no es verdad, pero los propios Honorables Miembros, siendo bastante mayores que yo, deben haberse sentado en estas mismas bancadas en la época de Aden y en la época de Chipre y, con igual sabiduría sin sentido, quizás dijeron “No es verdad”, aunque llegó a serlo.
Entre los responsables tenemos al líder de la oposición, que fue a Irlanda del Norte y conversó con todo el mundo de clase media para arriba, pero no con los guerrilleros, porque eso no era de responsables. Pregunto: si no es de responsables charlar con esos guerrilleros, de quienes el Muy Honorable habla tan volublemente, ¿cómo va a entender la naturaleza de la comunidad de donde aquellos provienen? ¿Cómo entenderá la naturaleza del problema? Siempre dicen en esta Casa que no hablarán con guerrilleros. ¡Qué hipocresía! Que no hablarán con gente violenta. Estos que mantienen un ejército de pistoleros profesionales dicen que no hablarán con los violentos. ¿Qué pasó en Aden? ¿Hablaron con líos guerrilleros allí? ¿Qué pasó en Chipre? ¿Hablaron con ellos allí? Sí que lo hicieron. ¿Cuál es la diferencia en Irlanda? Porque somos blancos y hablamos inglés, ¿tenemos una marca distinta de guerrilleros? (...) ♦
Revista Panorama
07.03.1972
 

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