Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado
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| ANTES DEL AÑO 2000 EL MUNDO ENCARARA TRES GRAVES
PROBLEMAS POR ALDOUS HUXLEY DURANTE los próximos, cincuenta años la humanidad se enfrentará con tres grandes problemas: el de evitar la guerra: el problema de la alimentación y el vestido de una población de 2.250.000.000 de almas que en el año 2000 sobrepasarán los tres mil millones, y el problema de atender a las necesidades de estos millones de seres sin agotar los irreemplazables recursos del planeta. Permítasenos suponer —y desgraciadamente se trata de una generosa suposición— que las naciones puedan ponerse de acuerdo para vivir en paz. En esa situación la humanidad quedará en libertad para dedicar toda su energía y capacidad a la solución de sus otros problemas fundamentales. En el año 2000 es de esperar que los pueblos del mundo habrán adoptado un programa destinado a aumentar la producción de alimentos y de otras necesidades, conservando, mientras tanto, sus fuentes de recursos. Porque toda tierra aprovechable se necesitará para la producción de alimentos, y se realizarán mancomunados esfuerzos para extraer de las materias inorgánicas y de los desperdicios vegetales todas las fibras usadas en la fabricación de textiles. En la tierra que ahora se destina al cultivo de algodón, lino, cáñamo y yute se sembrarán cereales, y como no se usará mayormente la lana, los grandes rebaños de ovejas que actualmente amenazan los campos de pastoreo habrán disminuido grandemente en número. A causa de la necesidad de dar un descanso al suelo excesivamente trabajado y de extraer el mayor número posible de calorías de cada hectárea sembrada, la producción de carne, que malgasta fantásticamente la tierra, será reducida, y se prestará gran atención a los productos del océano, tanto vegetales como animales. Las bahías, los lagos las chacras y lagunas serán cultivadas científicamente. En muchas partes del mundo se están destruyendo imprudentemente los bosques. Para conservarlos tendremos que idear nuevos tipos de materiales de construcción sintéticos y nuevas fuentes para la obtención de papel. Que la edición de un suplemento dominical para los diarios ocasiona la muerte de miles de árboles magníficos es un hecho que por mucho tiempo no puede ser tolerado. ¿En qué forma afectará a los individuos todo esto? Para muchos agricultores los cambios significarán la sustitución de una clase de producción por otra. Para otros muchos será un paso hacia la industria química. Pues la industria química será cada vez más, importante, mientras que la erosión del suelo hará que por la conservación de la tierra, confiemos firmemente en los sintéticos derivados de las materias inorgánicas prácticamente inagotables. Es seguro, por otra parte, que durante los próximos cincuenta años se registrarán los más extraordinario adelantos tecnológicos. Pero para el obrero, como obrero, tales adelantos no serán necesariamente de gran significación. Será muy poca la diferencia para el obrero textil el hecho de que tenga que trabajar con materiales derivados de una oruga, de una planta, de un mamífero o de un laboratorio químico. El trabajo es trabajo, y lo que interesa al obrero no es ni el producto ni el proceso técnico, sino el jornal, las horas, la actitud de los patrones y el medio ambiente físico. Para la mayor parte de los empleados y operarios de fábricas del año 2000 la aplicación de la fisión nuclear a la industria significará muy poco De lo que ellos se preocuparán será de los que sus padres y madres se preocupan en nuestros días: del mejoramiento de las condiciones de trabajo. Existiendo la paz será posible, dentro de los próximos cincuenta anos, mejorar considerablemente las condiciones de trabajo. Los obreros, mejor equipados, producirán más v, por ende ganarán más. Mientras tanto, la mayor parte de las reliquias de la industria medieval habrán sido reemplazadas por nuevas fábrica-oficinas y viviendas. Cada vez más las fábricas y oficinas serán reinstaladas en las villas constituidas por pequeñas comunidades donde la vida será más barata, más agradable y más genuinamente humana que los actuales semilleros de neurosis en masa: los grande centros metropolitanos de hoy. La descentralización puede ayudar a contener esa marcha hacia el hospicio, que. para nuestra civilización. es una amenaza mayor que la de la erosión y la bomba atómica Si los productos terminados significan poco para el obrero, mucho de lo que significan para la dueña de casa. Los nuevos materiales de construcción sintéticos serán más fáciles de mantener limpio Los nuevos sistemas de calefacción, mediante el aprovechamiento de la energía solar, serán más económicos y menos complicados. La técnica electrónica en la cocina simplificará grandemente la tarea de cocinar En una palabra: en el año 2000 el arte de vivir se habrá vuelto decididamente menos arduo que en lo presente. Pero, aun cuando menos arduo, la vida será para el término medio de las personas de mayor duración. En el 2000 habrá más ancianos en el mundo que en cualquier otro período anterior. En muchos países los ciudadanos de sesenta y cinco y más años superarán en número a los muchachos y muchachas de quince y menos. Las pensiones y la holganza no ofrecen solución a los problemas de una población de ancianos. En el año 2000. los jóvenes lectores de este artículo, que están por los setenta, habitarán probablemente un mundo en el cual el anciano tendrá oportunidad de usar su experiencia y las fuerzas que le queden para su propia satisfacción y para provecho de la comunidad — pie de imágenes UN CAMPO DE CULTIVO del año 2000. Las máquinas “robots" de labranza aparecen dirigidas desde una estación móvil de control. El trabajo a sangre habrá desaparecido, pero el agricultor, como podemos apreciar, usará aún sombrero de paja, botas y “overalls". LA DUEÑA DE CASA del año 2000 pasará apenas tres horas por día en la cocina. Con los sistemas electrónicos y mediante las instrucciones dadas por televisión, cocinar será un placer y el lavado de los platos se hará con sólo hacer girar una llave. LA CIENCIA y la tecnología proporcionarán al obrero del siglo XXI el mayor confort y seguridad. La jornada semanal de trabajo podrá ser de 50 horas o menos. Pero adviértase en el grabado a un obrero marcando su tarjeta en el reloj de control. Un jefe, como ahora, estará todavía vigilándole. Revista Mundo Argentino 22/03/1950 |
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