Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado

TESTIMONIOS
George Jackson según Genet
jacksonNacido en el ghetto negro de Chicago, George Jackson, condenado vitalicio por un robo de 75 dólares entró en la prisión a los 18 años. Salió de ella, muerto, a los 29. Recluso del penal de Soledad, en California, fue abatido —según la versión policial— hace unas semanas, por intento de fuga. .
En realidad, el verdadero affaire Jackson comenzó el 13 de enero de 1970. En ese día, un guardiacárcel mata a balazos a tres detenidos negros. Hay una revuelta en el penal, se mata a un guardia. Las autoridades señalan tres culpables: uno de ellos es George Jackson.
Se inicia en todo Estados Unidos un movimiento de solidaridad que anima la joven filósofa, también negra, Angela Davis, a favor de quienes fueron llamados "los hermanos de Soledad”. Las Cartas de la prisión, que Jackson le enviara a Angela Davis —y cuya edición francesa prologa Jean Genet— se convierten en best-seller mundial.
La tragedia de los Jackson tiene un segundo acto: el 7 de agosto de 1970 el hermano menor de George Jackson, Jonathan, es asesinado por la policía en un tumulto. Angela Davis, acusada de haberle proporcionado armas, es, a su vez, detenida.
El último acto ocurre con la muerte de George. Jean Genet, el único blanco “adoptado” por los Panteras Negras, contesta en este reportaje exclusivo algunas preguntas claves.

—¿Usted piensa que Jackson fue asesinado?
JEAN GENET: —Quiero contarle lo que le dijo el director de la prisión de San Quintín a da madre de Jackson: “Tuvimos a su hijo George, tuvimos al otro, a Jonathan, no hace mucho. Señora, muy pronto se va a quedar sin hijos". Simplemente, planteo algunas preguntas a la policía norteamericana: ¿por qué ni los abogados, ni la familia de Jackson pudieron ver todavía el cadáver de Jackson?, ¿por qué la policía proporcionó a la prensa varias versiones diferentes antes de arribar a ésta: motín general en el que participaron unos treinta detenidos? Estoy convencido de que Jackson no podía hacerse oír durante su proceso. Era lo que quería. Lo decía en su libro. Yo hubiera podido creer que intentara evadirse después de ser condenado. Pero me niego a creer que do haya hecho antes. No, la policía de San Quintín se quiso deshacer de un revolucionario.
—¿Cómo conoció a Jackson?
—Los Panteras Negras me invitaron dos meses a Estados Unidos. Estando yo en San Francisco, su abogada, que me conocía, vino a verme. Tenía cartas de Jackson que me pidió hiciera publicar en Francia. Fue ella quien me contó el affaire Jackson, desde el comienzo, es decir, desde el 13 de enero de 1970.
—¿Usted tiene la impresión de que existe una vasta y verdadera conjura de la policía norteamericana contra los negros? ¿Una conjura que supera el marco del Estado de California?
—Personalmente, me gustaría acusar al gobernador Reagan, evidentemente; pero, hablando con honestidad, tengo la sensación de que Estados Unidos, en conjunto, es racista, y de que su policía federal, en conjunto, es antinegra.
—¿Antinegra o antirrevolucionaria?
—Desde hace un tiempo, ser antinegro es ser antirrevolucionario. Porque la revolución, por ahora, es predicada sólo por los negros. ¿No tiene la impresión de que ser negro, en Estados Unidos, es ya estar preso?
—¿Usted piensa que sólo los negros harán la revolución en Estados Unidos?
—Es un problema demasiado complejo para poder responder. Naturalmente, todos los negros no son como Jackson. Ocurre que Jackson -era un negro muy inteligente, formado por Huey Newton y por Angela Davis. Y la revolución, por cierto, no puede hacerse sin los blancos. Pero por ahora los negros son la punta de lanza, la vanguardia revolucionaria.
—¿Vanguardia marxista, anarquista o izquierdista?
—Esencialmente marxista. Se han liberado casi completamente de la moral evangélica, de los tabúes de los Estados Unidos “Victorianos". Y eso los diferencia de la vanguardia de la juventud blanca, que es mucho más hippie y espiritualista. No existe la menor señal de afecto entre ambas.
—Para usted, ¿qué significa que un país tenga que eliminar a los que no quiere o no puede escuchar?
—Usted me habla del Marruecos de Ben Barka, de la Francia del coronel Argoud ... Creo que es semejante... De Gaulle quería deshacerse de un tipo que molestaba. Hay una Internacional de la Policía. Por otra parte, la policía parece haberse militarizado. He visto los Kiddotai de Japón, he visto el Escuadrón de la Muerte en Brasil, he visto la policía de Chicago, y he visto canas de Holanda, Inglaterra, Filipinas. Y he visto a nuestros C.R.S. En todas partes son iguales.
—¿Cuáles son, en Francia, sus relaciones con los movimientos revolucionarios?
—Personalmente, no tengo nada de revolucionario. Ocurre que, fortuitamente, he tenido contacto con revolucionarios, como Angela Davis, los Panteras, también, y los feddayin. Pero siempre fui, desde mi juventud, anticolonialista. No es a mí a quien toca decir si soy revolucionario, son los otros quienes deben verlo.
—La violencia de los negros en Estados Unidos, ¿no termina por volverse contra ellos?
—Me parece que usted confunde violencia con brutalidad. La violencia existe siempre. En este momento, cuando usted me habla, me está haciendo violencia. Cuando le respondo, yo le hago violencia, porque trato de convencerlo. Lo cierto es que este problema se plantea sin cesar entre los negros. Sin duda, habría que alternar los momentos de violencia... y los de persuasión. En este momento, por ejemplo, los Panteras no hacen guerrilla sino que están politizando el ghetto.
—¿De qué modo?
—Ya en marzo-abril de 1970, cuando estuve en Estados Unidos, asistí a varias sesiones de politización de jóvenes, de 15 a 30 ó 40 años. Hasta había soldados jóvenes. El cuartel de los Panteras estaba lleno y tenían verdaderos programas para explicar cómo se podía trasponer la noción de -racismo a noción de lucha de clases. Cosa que hacen sistemáticamente.
—¿El hecho de ocuparse de un problema capital de un país extranjero, no lo hace esquivar problemas igualmente importantes de Francia?
—Yo no me siento particularmente francés. Jurídicamente lo soy, puesto que tengo un pasaporte francés y pago impuestos en Francia. Quiero decir que el orgullo o la vanidad nacional me importan un pito. Mi vida de todos los días no pasa en Francia. Estoy aquí ahora, hace tres meses estuve con los feddayin. Me siento completamente apátrida, completamente internacionalista, y para terminar, agrego que tengo la certeza de que George Jackson fue abatido en la prisión. La policía lo mató porque Jackson se atrevió a pensar.
Copyright L’Express, 1971
PANORAMA. SEPTIEMBRE 21, 1971

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