Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado
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| ____________VIDA COTIDIANA____________ Françoise Giroud: En la cresta de la ola Veinte días atrás, la periodista y viajera argentina Odile Barón Supervielle, entrevistó en París a Françoise Giroud. La señora Giroud es la actual directora del semanario L'Express —uno de los medios más influyentes de Europa y acaso el primero de Francia en su calidad de revista semanal— y una de las pocas mujeres periodistas encaramadas en tan alta posición. Son famosas, desde que asumió el nivel directivo de L'Express, sus cartas-editoriales, unos comentarios escritos en el mejor estilo coloquial, sin ningún tipo de afectación feminista e informados de un modo harto concienzudo. En Buenos Aires acaba de aparecer, con el sello de Emecé, su admirable autobiografía, Simiente. En la siguiente conversación, Giroud se explaya sobre diversos temas y habla también de su revista, un coloso que ya cuenta veinte años de vida. Panorama: Françoise Giroud, ¿cuál es la tirada actual de L'Express? Françoise Giroud: Más de 700 mil ejemplares, depende de las semanas. —¿Cuántos colaboradores tiene la revista? —Entre el personal efectivo de la casa y los periodistas propiamente dichos, hay unas quinientas personas. Pero el número de la gente afectada a redacción llega a 105. —¿Desde el punto de vista político, dónde sitúa usted a L'Express? —La revista está situada en el centro-izquierda, lo que significa en la izquierda no comunista, y su compromiso data de veinte años. —¿Existe en Francia algún tipo de censura para la prensa? —Ninguna. —Por lo que me parece, la prensa norteamericana ejerce sobre la opinión pública una notable influencia. ¿Sucede lo mismo aquí? —Es muy difícil contestarle, pero en lo que respecta a Estados Unidos, no estoy demasiado segura de que usted esté en lo cierto, porque cuando se habla de la prensa norteamericana se alude al New York Times, por ejemplo, o al Washington Post, que son diarios que no van más allá de Nueva York. A mi parecer, la prensa del tipo de L'Express, Le Monde, Le Fígaro y cierto número de publicaciones de ese género en Francia tiene una influencia bastante considerable en gente que, a su vez, es influyente. Pero en relación con lo que puede conseguir la televisión, cuando se trata de movimientos de opinión en profundidad, no sé qué contestarle porque nadie conoce muy bien la reacción del público francés frente a la televisión. Es un fenómeno totalmente nuevo. —Creo que una de las secciones más leídas de su revista es la correspondiente a los reportajes. Me refiero, naturalmente, a la rúbrica "Aller plus loin avec L'Express” (Ir más lejos con L’Express,). ¿Quién tuvo la idea? —No se lo puedo decir. En las publicaciones nunca se sabe a ciencia cierta quién tuvo la idea; suele ocurrir que las ideas surgen en medio de una conversación de la que participan varias personas; entonces un concepto lleva a otro y al fin, sin saber cómo, aparece la cosa. Creo que lo importante es que la dirección sepa discernir sin demora ni vacilaciones la calidad de una idea. Retenerla si es buena, y descartarla si no lo es. —Los métodos utilizados para la elección del personaje en la rúbrica de la que hablamos, responden a un plan predeterminado o, simplemente, a los vaivenes de la actualidad? —No... en un diario, en una revista, siempre es mejor estar cerca de la actualidad. Sin duda, hay gente a la que es muy difícil llegar para solicitarle una entrevista. A veces vamos a buscarlos a sus respectivos países. Hay que grabar esas encuestas. Luego es necesario darles una forma apropiada y, por último, hace falta remitirle la entrevista completa al interesado, porque nunca se publica nada sin que ellos lo relean. Este proceso lleva tiempo y cuando al fin aparece la nota, no reflejé ya la actualidad del día o de la semana. —¿Cree usted que la abundancia de revistas y, en general, de medios de información masivos, perjudica de algún modo la lectura de libros? —No, en absoluto. Hay gente que lee, y esa gente no desprecia ningún material de lectura. Luego, hay gente que sencillamente no lee. Personalmente, temo que el número de los últimos supere progresivamente al de los primeros. —Tal vez pudiera hacerse una división algo arbitraria entre cultura de actualidad y cultura propiamente dicha, si es que todo no es una sola cosa. Pero en ese caso, tratándose de una división arbitraria, pregunto si no vamos, acaso, cada vez más hacia una cultura de actualidad. —No creo demasiado que vayamos hacia una cultura de actualidad, creo esencialmente que los niños de hoy crecen con la imagen visual, la televisión, las historietas, y que ya no tienen paciencia de leer. —¿Cómo ve usted a esa juventud del mañana? —Depende del punto de vista. Pero es sin duda problemático formular una opinión. Podría escribir 2 mil páginas sobre la cuestión. Y creo que el problema se presenta con características diversas en cada país, o por lo menos en cada región del mundo. —¿Hay en la juventud francesa un alto nivel de politización? —No se puede hablar de juventud en general. Existe, claro, una buena parte de la juventud muy politizada. Pero le diré que antes de la guerra del 40 había también un amplio sector juvenil politizado. Me parece, más bien, que el verdadero fenómeno en Francia es que la juventud se ha convertido en un grupo muy numeroso en relación con el conjunto de la población. En ese sentido, es imperialista, constituye un factor de presión. Por otra parte, siempre hay que contar con la juventud para hacer cosas, inclusive cosas aparentemente triviales, pero algo nuevo de todos modos. Son los jóvenes quienes tienen el sentimiento de que lo que existe puede ser mejorado. Los adultos y los viejos, suelen pensar lo contrario. —Volviendo a algo más específico: ¿tiene usted corresponsales en el exterior? —No nos gusta mucho el sistema de las corresponsalías fijas y preferimos enviar desde París a nuestro periodistas. El sistema de los corresponsales es muy antiguo, data de tiempo en que los viajes eran complicados y que el teléfono internacional funcionaba con dificultades. Hoy el télex es lo que mejor funciona Ahora cuando pasa algo, salen inmediatamente de aquí y, si el punto a que deben llegar está muy alejado a lo sumo tardan 16 horas. La comunicación se establece entonces al día siguiente de la partida. —En un número de L’Express bas tante reciente, entre las personalidades que interesaban más a los franceses en los últimos tiempos, estaba el general Perón. Venía en cuarto lugar después de Giscard d’Etaing*, Nixon y Pompidou. ¿Qué es lo que interesa a los franceses del general Perón? —Creo que la historia de este hombre es bastante fascinante. Hay muy pocos ejemplos en la historia del mundo de un hombre que vuelve al poder después de haberlo dejado tanto tiempo. Esto bastaría para justificar el interés de los franceses. Además, la repetición de esa situación con una mujer a su lado que tiene un papel político de primera magnitud, es también algo que llama la atención. En Francia, Eva Perón era muy conocida; vino una vez a París e impresionó enormemente a todo el mundo. —Es notoria la importancia que el periodismo francés le ha dado a los acontecimientos chilenos. ¿Existe algún tipo de identidad entre las propuestas del ex presidente Allende y los planes de la izquierda francesa? —No creo que para nosotros ni para los demás, pueda tomarse lo que ocurre en Chile como un golpe militar corriente. Había allí un gobierno regularmente elegido y democráticamente instalado que, luego, es destituido por el ejército en condiciones sangrientas. Por otra parte, la comparación de Francia con Chile es totalmente artificial porque sabemos que los fundamentos de esos dos países no son los mismos. Desde ya, no lo son desde el punto de vista económico. Pero el presidente Allende había invitado al representante de la izquierda, François Mitterrand, y a otro socialista, Gastón Deferre, y éstos a su vuelta a Francia hicieron declaraciones un poco imprudentes explicando que el modelo chileno podía inspirar a Francia. Entonces, los franceses que desconocen la verdadera situación de América latina, creyeron ver en Chile el fracaso de algo que hubieran deseado pana Francia. —En un reciente número de L'Express, usted ha dedicado dos páginas a cinco nombres del teatro argentino: Lavelli, Copi, Rodríguez Arias, García y Savary, que tienen mucho éxito en París. Dígame pues, cuáles son las expectativas francesas con respecto a América latina. —Ante todo, una hermosa literatura. Existe una verdadera y gran literatura en América latina. Para citar sólo algunos nombres, Borges, García Márquez, Cardenal, Scorza, Neruda, Octavio Paz, Fuentes. Es cierto, hay una literatura apasionante y, además, mucha gente talentosa en distintas disciplinas. —L’Express se vende normalmente en los quioscos de diarios de Buenos Aires. ¿Qué venta alcanza en el extranjero? —Se venden 100 mil ejemplares, lo que es mucho para una revista francesa. —Hablemos ahora del actual problema del petróleo. ¿Cree usted que puede cambiar el equilibrio del mundo, y si es así, hubo alguien que lo previera? —No sé si alguien lo previó alguna vez, pero lo que todo el mundo sabe desde hace muchos años es que las reservas de petróleo no son inagotables y que los norteamericanos no tienen ganas de vaciar sus propias reservas; es cierto que, de hecho, ellos no necesitan recurrir al petróleo árabe. Por otra parte, puede pensarse que la energía nuclear podría reemplazar al petróleo. Los jefes árabes han dicho que ellos no pueden beber su petróleo como si fuera vino, así que tienen necesidad de venderlo. Por algunos años, y por ahora, tienen ahí un verdadero poder de presión. Sus exigencias en cuanto a precios, es esto lo que opino, está ampliamente justificada, ya que se trata de replantear una situación básicamente injusta. Durante años, los países europeos, o más bien occidentales, se dedicaron a explotar a los países pobres que tenían petróleo. En el plano económico, los términos del intercambio distaban de ser justos. Ahora, esa riqueza se ha convertido en un arma política eficaz y peligrosa. Por suerte, no creo que en este momento Estados Unidos y Rusia participen de un ánimo belicoso, pero es igualmente difícil imaginar a Norteamérica aceptando que se tapen las fuentes petrolíferas de Medio Oriente. Lo que sí puedo asegurar es que la posición de Francia está hoy determinada por la cuestión del petróleo. Francia maneja una política más bien pro árabe, y es una política fundada sobre intereses claramente económicos. —Entre las personas que usted ha conocido a lo largo de su carrera de periodista, ¿cuáles son las que más le han impresionado? —He conocido mucha gente interesante como para contestarle sin dificultades ... La señora de Gandhi, por ejemplo, es una mujer excepcional. —La mención de una mujer excepcional me hace pensar en el movimiento de liberación femenina en el mundo entero. ¿Qué piensa usted de eso? —Es un fenómeno de larga data, además complicado y equívoco porque no sé de qué tendría que liberarse la mujer sino de ella misma. Creo que en este momento las mujeres no necesitan tanto hacer chicos como en otras épocas. Ahora se ha alargado la vida, de modo que la mayoría de las mujeres de la sociedad industrial desarrollada suelen dejar de fabricar hijos a los 29 años y tienen por delante 50 años para vivir. Este cambio de relaciones aporta entonces novedades fundamentales en la esfera de sus aspiraciones y deseos; surge una necesidad inédita de emplear una energía y un potencial intelectual que en otros tiempos estaban tapados. Y ése es el verdadero problema. —¿Cuál es, para usted, el acontecimiento más importante del año 1973? Recuerdo que cuando en 1971 le hice la misma pregunta, usted me respondió que había sido Willy Brandt arrodillándose en Auschwitz. Luego obtuvo el premio Nobel de la Paz. —Hoy es más difícil señalar un acontecimiento. Creo, sin embargo, que el asunto de Watergate es uno de ellos. El acercamiento de Estados Unidos y Rusia, más los casos Sajaroff y Solyenitsin serían los otros aspectos culminantes del año. Lo curioso con el caso Watergate es que pone de relieve la salud de la democracia de los Estados Unidos. Es algo fantástico. No veo ningún país en el mundo donde la prensa hubiera podido difundir tan ampliamente semejante escándalo local, y no veo tampoco qué país hubiera podido soportar semejante crisis de valores. De todos modos, teniendo en cuenta el papel que juegan los Estados Unidos en el mundo, el hecho de que su presidente soporte una campaña de desautorización tan corrosiva constituye un acontecimiento de una extrema gravedad. —¿Cree usted que queda algo positivo de mayo del '68? —Ya lo creo. Y pienso, inclusive, que es en este momento cuando se ve en Francia el verdadero resultado de mayo del 68. Una vez disuelta la agitación rebelde, digamos el aspecto romántico de la crisis, puede apreciarse el cambio que hubo en la mentalidad de la gente. —Ahora, dos preguntas personales. La primera es, ¿cuántas horas trabaja usted por día? —Los días normales, 11 horas, y el jueves, día de cierre de una parte del material, a veces hasta 18 horas. —La segunda pregunta personal es: ¿a cuál de sus cualidades debe usted su éxito? —Si tuviera que contestarle en broma le diría a la inconsciencia, y en participar a la inconsciencia del hecho que teóricamente decreta imposible, para las mujeres, una propuesta de éxito en terrenos tradicionalmente masculinos. Pero yo nunca pensé en la cuestión, así que jamás fue un obstáculo para mí. ♦ Copyright Panorama, 1973 * Ministerio de Hacienda de Francia. PANORAMA, DICIEMBRE 20, 1973 |
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