Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado

guerrillas
GUERRILLAS
La Navidad previsible


Tres años, 8 meses y 3 días de la condena a 30 años de prisión habían cumplido Regis Debray y Roberto Ciro Bustos en la madrugada del miércoles 23 de diciembre, cuando el temor —mucho más que razones políticas o ideológicas— decidió finalmente al presidente boliviano Juan José Torres a elegir el circunloquio de la expulsión del país, para decretar la libertad de los dos extranjeros condenados por su participación en el frustrado intento guerrillero de 1967, que había comandado el argentino Ernesto Che Guevara.
La posibilidad de la liberación había sido objeto de incontables horas de especulación desde que Alfredo Ovando Candía —que había sido comandante en jefe del ejército boliviano en el momento del fusilamiento del Che y de la extinción del grupo guerrillero— derrocó al presidente Luis Adolfo Siles Salinas, a fines de setiembre de 1969. Las especulaciones crecieron aun mucho más después de la llegada del general Torres al poder, en octubre pasado.
Sin embargo, fue en última instancia la derecha la que precipitó la liberación de los dos ex guerrilleros: los grupos mirandistas que conspiran apasionadamente desde el mismo momento de la derrota del general Rogelio Miranda se disponían, aparentemente, a iniciar su cuartelazo con un golpe espectacular: el asesinato de Debray en la cárcel de Camiri. Algunos sostienen, inclusive, la existencia de un juramento en círculos de oficiales derechistas del ejército boliviano, que se habrían comprometido a evitar la salida con vida de la prisión del intelectual francés. No fue casual que, después de la liberación, el gobierno de La Paz reforzara —incluyendo  acuartelamiento de las fuerzas armadas en Nochebuena y Navidad ...guardias en todos los puntos estratégicos en previsión de un golpe de la derecha.
De todos modos, la decisión de poner en libertad a Bustos y a Debray parece haber sido tomada por el círculo áulico que rodea al presidente Torres: la determinación no fue consultada más allá de ese grupo de elegidos, por temor a las inmediatas consecuencias militares. En la madr ida del miércoles de la semana pasada, cuando un grupo de oficiales y soldados llegados en dos pequeños aviones desde La Paz arribaron a Camiri para efectivizar la puesta en libertad, ni siquiera el jefe de la guarnición local había recibido la comunicación. La perfecta planificación del operativo permitió al gobierno boliviano mantener la cortina de silencio hasta las 9 y 42 de la mañana cuando Bustos y Debray aterrizaron en el pueblo chileno de Iquique, en el bimotor KKN del cuerpo de carabineros bolivianos. Recién a esa hora, Torres daba a conocer un comunicado en La Paz: en él procuró poner el mayor énfasis posible en la presión que había sido ejercida por los pedidos de intelectuales de todo el mundo, jefes de Estado e inclusive el Papa; una sutil manera de aducir causas humanitarias y no políticas como originantes de la decisión.
En Santiago, el argentino Bustos —casi desconocido para la prensa internacional— decidió alojarse en el hotel Conquistador, en pleno centro de la capital chilena, al alcance de los periodistas argentinos, los únicos interesados en él. Además, después de reunirse con su esposa y sus hijas, el ex pintor anunció su decisión de solicitar asilo en Chile. En cambio, Debray procuró nuevamepte convertirse en protagonista de una cuidadosa maniobra publicitaria: después del aterrizaje en una base militar, mientras cientos de periodistas lo aguardaban en el aeroopuerto de Los Cerrillos, el francés desapareció del mapa.
El misterio que rápidamente se tejió en torno de su paradero provocó la indignación de la prensa chilena, parte de la cual hasta llegó a acusar al gobierno de haberlo confinado. El domingo, el ministro del Interior, José Toha, se vio obligado a publicitar un pretendido telegrama que Debray le había enviado agradeciendo la hospitalidad chilena y explicando que había decidido mantenerse oculto por ahora. Simultáneamente, se conocía otro telegrama dirigido al poeta Pablo Neruda —en cuya ostentosa residencia de Isla Negra se lo suponía descansando—, rechazando la invitación que el futuro embajador chileno en París le había extendido “para pasar su luna de miel con nosotros”, junto a su esposa, la venezolana Elisabeth Burgos.
Es que todo parece indicar que Regis Debray está gozando del último tramo de su fama, que se extinguirá sin duda en cuanto regrese a Francia. Debray, un oscuro intelectual de la nueva izquierda hasta que fue apresado en Bolivia, no es sino un gran admirador y amigo personal de Fidel Castro y el Ché Guevara. Su único libro, Revolución en la revolución, es muy discutido por los mismos círculos intelectualizados de la izquierda que han puesto seriamente en duda la validez de su teoría sobre la guerrilla rural en América latina, después del éxito rotundo que parece haber obtenido la guerrilla urbana en casi todos los países latinoamericanos.
“Es como si Regis hubiera nacido de nuevo”, dijo la madre de Debray a los periodistas poco después de conocer la noticia de la liberación. La definición parece bastante exacta, pero es muy improbable que en su segunda vida Debray pueda vivir de la fama que le deparó la primera.
30 de diciembre de 1970 - CONFIRMADO

ir al índice de Mágicas Ruinas

Ir Arriba