Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado

mala powers
Mala Powers
Reúne todas las condiciones bondadosas

Algunas veces hemos explicado el motivo por el cual muchos artistas se llaman como se llaman. Pero acaso ninguno tan simple y al propio tiempo tan curioso como el de Mala Powers, como que se remonta a la época en que recién hacía sus pininos —no en el arte, sino en la vida—, y fué ocasionado por las dificultad que tenía la pequeña de pronunciar su verdadero nombre.
“¿Cómo te llamas, rica?”, era la pregunta de rigor. Y Mary Ellen Power respondía en una media lengua llena de picardía: “Mala” Transcurrió el tiempo, y aprendió a pronunciarlo, pero ya era demasiado tarde, pues le quedó aquel sambenito.
A la postre, aquello que podía haberle resultado una lápida, vino a beneficiarla cuando inició su carrera artística. Sirvió no sólo para bautizarla. sino también como inteligente truco publicitario, pues para borrar la impresión que puede provocar el nombre inquietante, la preocupación de todos cuantos se refieren a Mala, es la de destacar sus dones de bondad y dulzura que la adornan, y hacer justicia a sus atractivos físicos, que son suficientes como para que desaparezca cualquier aprensión respecto a ella.
Mala Powers es, en verdad, una muchacha afortunada. ¿A qué otro factor, si no, podría atribuirse el hecho de que un buen día la famosa estrella Ida Lupino deludiese abandonar su privilegiada posición para convertirse en directora?
Cuando Ida Lupino inició sus funciones directrices, emprendió
la búsqueda de una muchacha de mérito —aunque sin consagrar— para asignarle un papel en “Ultraje”. Entre las 300 que se seleccionaron Mala tenía el número 178, y fué finalmente la elegida.
Mala Powers nació en San Francisco de California el 20 de diciembre de 1931. Su padre era un alto jefe de una agencia de noticias y la madre, directora de un periódico femenino. Terminada su instrucción elemental y secundaria, pasó a ¡a universidad de Los Ángeles, que tuvo que dejar algún tiempo después por exigencia de la profesión.
La primera presentación en público la hizo a los siete años, en un recital de piano. No había transcurrido mucho tiempo desde entonces, cuando debutó en el teatro en una obra presentada por Reinhardt. Poco después se enfrentaba a la cámara en “Fuertes y valientes”, a lo que le sucedió un paréntesis, durante el cual se dedicó afanosamente al estudio del drama. Más tarde trabajó con diversas compañías, en variedades y en radio. A esta última especialidad debe Mala Powers el conocer a Ida Lupino, con la que coincidió en una obra radiofónica.
Samuel Goldwyn le dió el primer papel de “El destino me condena”. pero su éxito definitivo lo alcanzó al ser designada para animar el principal papel femenino en “Cyrano de Bergerac”. junto a José Ferrer. Su más reciente labor la cumple en “La ciudad sumergida”, de la Universal.
Revista PBT
15.10.1954

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