Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado

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EL ACTOR INSOLITO

Exclusivamente para Panorama Peter Sellers confiesa la verdad que se oculta tras sus infinitos rostros

Peter Sellers tenía un aspecto magnífico. También Britt Eklund. A la larga, comentó Sellers, aun el matrimonio puede resultar tonificante. Agregó también que se encontraba totalmente repuesto de una enfermedad que lo había tenido fuera de combate por algunos meses.
Después de una breve sesión fotográfica (la fotografía es el hobby de Peter) en la que fueron orgullosamente mostradas las últimas instantáneas que Sellers había sacado a su esposa, comenzaron las preguntas. Britt, mientras tanto, jugaba con dos perritos falderos que tenía en sus brazos.
Después de un año y medio, se sigue hablando todavía de su matrimonio, que fue en realidad improvisado y repentino, aun para un ambiente acostumbrado a las soluciones desconcertantes del cine.
¿Cómo se produjo en realidad el primer encuentro?
Sellers: Todavía me lo estoy preguntando. Conocí a Britt en Londres. Un día me cayó entre las manos un periódico con su foto. Me gustó y quise conocerla. Después de mucho averiguar, me enteré por un amigo mío que se hospedaba en mi mismo hotel, el Dorcester. Así fue que nos encontramos y le pregunté si quería dejarse fotografiar para una revista norteamericana. No quiso tomarme en serio; desconfiaba quizás por mi mala fama de Don Juan. Gracias a la intervención de mi amigo aceptó una invitación. Tomamos unos cocktails y nos fuimos a almorzar a un restaurante chino. Fuimos con Bert, mi secretario... Comimos espléndidamente. ..
Britt: ¡Menos yo, que estaba a régimen y no probé bocado!
Sellers : ... y después, como Britt no me había visto actuar nunca, fuimos a ver La pantera rosa. Estaba seriamente preocupado porque no conseguía romper el hielo, pero cuando en el cine la vi reírse me tranquilicé. Me parecía muy hermosa y realmente tenía talento, pero eso no era lo que más me interesaba de ella. Después de once años de matrimonio y un divorcio, buscaba una mujer a la que pudiera amar y creí haberla encontrado. A las pocas horas de estar juntos no había duda de que le gustaba y cuando nos separamos estaba seguro que las cosas no habían terminado. Al día siguiente ella viajó a Los Angeles. Desde mi hotel esperé que llegara, la llamé por teléfono y le pedí que se casara conmigo. Se ha dicho que hice las cosas con demasiado apuro, sin embargo solo pudimos casarnos cuatro semanas después, en la alcaldía de Guilford.

¿Cuál es el recuerdo más embarazoso de su casamiento?
Sellers: ¿Embarazoso? Yo no recuerdo ninguno... ¿Y tú, Britt?
Britt: Para mí fue después de la comida. Cuando saludamos a los invitados. Todos nos miraban con sonrisas maliciosas, como para darnos a entender que sabían por qué estábamos tan apurados en irnos. Entonces me pareció el momento más embarazoso de mi vida. Ahora me parece el más divertido.

La casa está llena de juguetes de Victoria. Hablemos bajo para no despertarla y cuéntenme un poco de ella. ¿Cómo fue el día de su nacimiento?
Britt: Peter estaba trabajando y lo llamaron por teléfono para avisarle que había llegado el momento. “Díganle que espere’’, ordenó, y vino corriendo a casa. Pero yo no podía esperar y cuando llegó nuestra beba ya había nacido. Peter quería un varón pero sólo lo supe más tarde, cuando me dijo sonriendo que no había tenido tiempo de avisármelo. Pero todavía hay tiempo. Yo quiero tener cuatro chicos por lo menos.

¿Cuál es la vida ideal para usted, Britt?
Britt: La que llevamos ahora. Una casa cálida y agradable en la que podemos vivir todos cómodos y reunirnos después de trabajar. Era espantoso cuando Peter trabajaba en los Estados Unidos y yo en Inglaterra... Es la parte más desagradable de la vida de un matrimonio de actores.

¿Y a usted Sellers, qué es lo que más le gusta?
Sellers: El campo, los animales, los autos, todos los autos y los grabadores y todos los aparatos mecánicos y electrónicos, y después el vino, las comidas que me hacen mal, los cigarrillos que tengo prohibidos y mi mujer.

Sellers, usted estuvo casado once años con otra actriz, Anne Hayes, y tuvo dos hijos, Michael y Sarah. Ahora que se ha casado de nuevo y es nuevamente padre, ¿cree que se le volverán a plantear los
mismos problemas de su primer matrimonio? ¿Cómo intentaría resolverlos ahora?
Sellers: Una pareja de actores debe afrontar a menudo dificultades que ninguna experiencia, de cualquier género que sea, puede resolver. Como dijo Britt, lo peor es tener que separarse, pero no por voluntad propia sino para ser consecuente con su carrera. Les tengo mucha envidia a Ponti y Sofía Loren, porque en cine su situación es ideal: ella es actriz, él es productor. Ponti puede ir a donde esté Sofía sin descuidar su trabajo; casi, acompañarla es su trabajo; en cada película tienen algo en común para hacer. Con nosotros es distinto. Yo ya he obtenido la aceptación del público y puedo dedicarme más libremente a Britt. Paso a paso veo como se desarrolla su talento y la sigo, la amo, la fotografío, la tengo para mí cada vez más, como había pensado aquel día en el restaurante chino de Dorchester. No necesito volver a casa para encontrar una mujer que me ha estado esperando todo el día. Me basta una mujer que me quiera, aunque termine el día tan cansada como yo.

¿Cuales son las causas que pueden destruir un matrimonio?
Britt: La rutina, el hábito aburrido de una vida común. Pero para los actores no hay tiempo.
Sellers: Verdad. Los actores no sufren de “rutina”, pero sin embargo sus matrimonios duran poco. En realidad hay muchas cosas más.. .
Britt: Tal vez sería necesario que la mujer se resignara a adaptarse siempre a su hombre, lo que solo es posible cuando se ama realmente.

¿Cómo ha hecho, Sellers, para crearse la fama de Don Juan que tiene?
Sellers: Es aburridor; yo no soy un divo, soy un actor “característico”, tengo cuarenta años, uso anteojos, me hacen actuar con cabello canoso y hasta con unas pelucas blancas que son un horno. Casi estaba resignado a ser infeliz. Cada mañana al mirarme en el espejo me decía: “Peter, por qué no eres como Mastroiani que es hermoso, y las mujeres lo aman y lo veneran?’’ Sorprendentemente una mañana me desperté y encontré mi correspondencia plagada de cartas de admiradoras, muchachitas desconocidas que decían adorarme. ¡Qué día inolvidable! “Peter, me dije, ahora también tú vas a tener éxito”. ¿Sabe desde cuando recibo cartas de admiradoras? Desde que hice esa película con Sofía Loren, ¡bendita sea, por todo el bien que me hizo! Pero todavía no me explico qué me encuentran las mujeres.
Britt: ¡Sex-appeal, tonto!

¿Qué es el amor, para usted, Sellers?
Sellers: Es muchas cosas. La sensación de que en alguna forma se es libre " al mismo tiempo no. Saber que no se está solo. Poder decir “nosotros queremos” en lugar de “yo quiero’’. Y por sobre todas las cosas ¡poder compartir la bañera sin pelearse!

¿Sostendría hoy, Sellers, que el hombre es polígamo?
Sellers: ¿Polígamo? Sí, son polígamos (esquiva un puntapié de su mujer)... salvo yo que con una sola estoy contento. Tengo una mujer joven, hermosa y rubia, ¡sueca! Le pongo una peluca negra ¡y tengo una amante latina! ¿Qué más podría ofrecerme el Corán?

¿Cree usted que es un cínico?
Sellers: Sí, lo soy. Me lo enseñó la vida, mis experiencias... Pero hubo un tiempo en que yo iba al encuentro de mis semejantes, con el corazón abierto; pero me han defraudado demasiadas veces.

¿Sus experiencias lo han convertido en un hombre triste?
Sellers: No exactamente. A menudo la gente se maravilla de que un actor cómico pueda ser serio en su vida privada. Yo soy un actor cómico, pero no me han condenado a ser cómico y, por lo tanto, puedo permitirme el lujo de ser serio. Soy un hombre normal, aunque nunca haya logrado saber qué es “normal” en nuestra profesión, que nos enseña a improvisar una falsa espontaneidad. Cuando alguien se encuentra conmigo, espera siempre de mí una broma, una salida divertida. Piensa: “Aquí lo tengo a Peter Sellers, veamos si me hace reír”. Y me observa...

¿Cuándo se dio cuenta de que sería un actor de éxito?
Sellers: Tal vez lo supe desde siempre. Si no, no habría afrontado tantas experiencias difíciles. Procedo de una familia de artistas. Mi padre era pianista, mi madre actriz de teatro, mi abuela actuaba en revistas musicales. Comencé a actuar a los dos años y medio. Después mi carrera se interrumpió y trabajé como vendedor, electricista, ayudante de sastrería, “doble”, e imitador. Habían pasado muchos años duros. Me prometían trabajo como actor, pero eso no ocurría nunca. Yo no me di por vencido: me gustaba demasiado el cine. También hice teatro, pero me cansa demasiado me fastidia tener que repetir meses y meses, la misma cosa, actuar con papel carbónico. En cambio el cine es diferente y me ha ofrecido siempre mil personajes y mil experiencias distintas, desde “El doctor Insólito” hasta “Un disparo en la sombra”.

La entrevista está a punto de terminar. Sellers bebe otro vaso de vino y se acerca al grabador. “Ahora le voy a enseñar cómo funciona’’, dice. “Fíjese bien”. Aprieta un botón y la cinta se desliza sin emitir el menor sonido: no hemos grabado nada. Peter murmura, confuso: “Imposible, absolutamente imposible”.
Britt que, sin que nos diéramos cuenta, había puesto en marcha otro grabador, me tiende, imperturbable, la cinta que registró esta entrevista.
Victorio Schiraldi
Revista Panorama
Noviembre de 1965
 
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