Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado
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| CONFORT El futuro es de ojito Tevé en relieve, videotex, televisores estereofónicos, videodiscos: el video supera a la ciencia-ficción. Poco más de ochenta años atrás, cuando apareció sobre la precaria pantalla del primer salón cinematográfico de París una locomotora a toda velocidad, los espectadores de Llegada del tren a la estación Laciolat (uno de los primeros filmes de los hermanos Augusto y Luis Juan Lumiere) saltaron en sus asientos aterrorizados y algunos —según dicen— salieron corriendo de la sala. Si se levantaran hoy de sus tumbas y supieran de la existencia de la tevé en relieve, el stylesetter o el videodisco capaz de registrar todas las páginas de la Enciclopedia Británica en uno de sus lados —por citar apenas unos ejemplos de la revolución del video—, no atinarían más que a balbucear un Paren el mundo que me quiero bajar. Fortalecidos y vitaminizados día a día, los progresos de la electrónica (o de la cultura del ocio, como prefieren los sociólogos) ya superan casi la imaginación desparramada por los apóstoles de la ciencia-ficción, como bien lo demuestra el stylesetter: un curioso aparatejo, ideal para identi-kits, salones de belleza u ópticas, compuesto por una cámara, un televisor, un sistema de memoria y una serie de circuitos computarizados que permiten quitar o agregar detalles. Por ejemplo, uno va al coiffeur harto de llevar siempre la misma melena, pero no sabe qué corte elegir. No hay por qué preocuparse: el peluquero le saca una fotografía, la inserta en la memoria y, cuando aparece la imagen en la pantalla se agregan o quitan tantos acicalamientos como a uno se le ocurran. Si se trata de una morocha de pelo largo, puede aparecer rubia y peinada a lo Twiggy. Si se trata de un señor de barba y bigote, puede transformarse casi mágicamente en el alter ego de Yul Brinner. No menos interesante es la compu-cassette TV. que parece creada para entretener a párvulos inquietos y desatentos. El sistema echa mano de una casete de audio tradicional de 60 minutos sobre la que se registran, en forma digital, informaciones de video (canal derecho) y de audio (canal izquierdo). Parece mentira, dirían las abuelas de décadas atrás si se enteraran de que en esa pequeña caja pueden descansar hasta 200 imágenes con juegos, documentales, series o informaciones varias. Ni qué hablar si algún comedido les mencionara el 3D, un sistema de televisión en relieve al que Matsushita da ahora los últimos toques. Los iniciados en el tema explican que se trata de una gran cámara especial compuesta por dos cámaras colocadas de tal modo que simulan los dos ojos humanos y cuyas dos señales son multiplicadas y luego registradas alternativamente por un grabador. Para ver la imagen en la pantalla comme il faut no hay más remedio que conseguirse un par de anteojos especiales con obturadores electrónicos sincronizados con el cambio de imagen. Hoy por hoy, sin embargo, la vedette es el videodisco. A principios de este año y después de haber invertido 150 millones de dólares en investigación y desarrollo y 22 millones en campañas publicitarias, la RCA presentó su Selectavisión. Funciona como un tocadisco convencional y tiene una púa de diamante que lee los surcos de un disco de 12 pulgadas que rota a 450 revoluciones por minuto. Su segundo compañero de ruta es el laservisión, un sistema desarrollado gracias a una coproducción entre Philips y Hollywood MCA que lo largaron al mercado bautizado como Magnavox. Este sistema y su pariente, impuesto por Pioneer hace unos meses, llevan alguna ventaja a la criatura de RCA: detienen la acción, hacen retroceso y adelanto en cámara lenta, y son más durables y resistentes porque la superficie del disco no sufre la presión de la aguja. Ni lerda ni perezosa, la JVC, subsidiaria de Matsushita, acaba de sacar del homo un tercer formato de videodisco (Video High Density o VHD) que será comercializado por Akai, Sansui, Sanyo, Sharp, Nec, Toshiba, Matsushita, Mitsubishi, Yamaha, General Electric y Telefunken, entre otros monstruos sagrados de la electrónica mundial. Especie de híbrido entre los otros dos sistemas anteriores, estereofónico (en uno de sus canales se puede transmitir en inglés y en otro en francés), puede almacenar nada menos que 54 mil cuadros por lado (1.800 revoluciones por minuto que deben multiplicarse por los 30 minutos de cada cara), con todas las páginas de la Enciclopedia Británica de un lado, por ejemplo, y shows, películas, series, documentales y cuantas curiosidades a uno se le ocurran del otro lado. Si bien en la quinta de las videograbadoras no hay nada del otro mundo (la principal preocupación de las fábricas es producir equipos cada vez más portátiles), no ocurre lo mismo con los televisores. Nadiq puede dudar que en el Salón Internacional del Sonido y el Video, realizado en Berlín en setiembre, los receptores color con sonido estereofónico hicieron capote, a caballo de marcas como Telefunken, Saba, Kórting, ITT y Nordmende, por ejemplo. Le demiercri indica que hay que separar la parte de alta fidelidad de la parte del video y usar monitores y sintonizadores según uno elija videodisco o tevé estereofónica. En estos momentos las materias grises europeas no hacen otra cosa que pensar en la tevé de alta definición por satélite, sueño dorado que recién será posible dentro de dos años cuando se lancen satélites que retransmitirán emisiones de tevé con imágenes comparables a las de una película de 35 milímetros. Pero si este proyecto descansa en la agenda de 1983, el reductor de imágenes fantasmas es una realidad Constante y sonante. Las imágenes fantasmas son responsables, por ejemplo, de que uno vea dos o tres Claudia Cardinale a la vez, mientras revive desde el sillón del living las intrigas de El Gatopardo, o que en la escena final de El graduado haya más de un Dustin Hoffman corriendo tras el colectivo. La explicación de los expertos puede resumirse así: se deben al reflejo de las ondas sobre una colina, una casa, una grúa metálica, etcétera, que envían de vuelta sobre su antena la imagen que recibe ya directamente con un desfasaje proporcional a la distancia que separa la antena de ese obstáculo. Justamente el objetivo del aparato que Matsushita acaba de poner a punto es detectar la imagen fantasma. calcular su amplitud, generar una señal opuesta y tratar de anularla. Otro de los chiches que atrajo a cuantos deambulaban por la exposición de Berlín fue el videotex. Sabia melange de informática y comunicaciones, su mecanismo básico reside en la intercomunicación de bancos de datos computados (estado del tiempo, localidades en los teatros o cines, cotizaciones, horario de trenes y aviones y otras yerbas), a través de la red telefónica pública, con televisores tradicionales ubicados en casas u oficinas. Algo es cierto: el telespectador ha dejado de ser tal para convertirse en un auténtico metteur en scéne: elige, produce, programa y dirige lo que quiere ver. Una revolución que ni siquiera Julio Veme imaginó. 0 Ana D’Onofrio Nueva York: Florencia Braguinsky Paris: Enriqueta Sugasti Revista Somos 6/11/1981 |
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