Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado

Unisexo
Chicas como muchachos que parecen chicas


unisexoTenía 16 años y se preparaba para una cita, ese sábado a la noche. El primer paso consistió en una prolongada visita al peinador: champú y un delicado batido del pelo, rematado con aplicaciones de spray perfumado. Luego la vuelta a casa para administrarse una crema balsámica, loción bronceadora y algunos toques de la colonia de moda. Finalmente, el uniforme: botas de tacón alto, pantalones de tweed ajustadísimos en las caderas, una cadena a guisa de cinturón, camisa alforzada y una gorra Liverpool.
Antes de que empezara el proceso, el adolescente era, sin lugar a dudas, un “él” o una “ella”. Pero lo que emergió finalmente fue un unisexo, una nueva clase de andrógino, que brota en USA e Inglaterra.
Un observador informa que los 'unisexo' han establecido una ola de equívocos sobre identidad en padres, maestros, empleados de tiendas, mozos, policías y, ocasionalmente, aun entre los mismos chicos. Dice una muchacha de Detroit: “Los muchachos que conozco se visten más como chicas que las chicas que conozco. Y se arreglan lo mismo ante el espejo”.
Las chicas están causando mucha confusión por su cuenta. Estudiantes secundarios usan chaquetas militares y fuman en pipas de espuma de mar; nínfulas del sur de California pasean por Sunset Strip en botas y blue jeans ceñidos por anchos cinturones de cuero; las adolescentes de Chicago abandonan sus melenas a la “Jean Shrimpton” por el corte rígido y duramente masculino de Vidal Sassoon. Los “neutros” obtienen amplio respaldo de los amos de la moda. La semana pasada, en la exhibición de la línea de primavera de Pierre Cardin, en París, dos mannequins desfilaron con chaquetas rústicas de cuero negro y medias largas, mientras los hombres “pasaban” ropa de gamuza y camisas con voladitos. La revista Glamour, en una apresurada directiva, aconseja a sus lectoras, estudiantes y profesionales que “usen ropa de corte militar, chaquetas rústicas y camisetas blancas, pantalones derechos con anchos cinturones de cuero, botas de trabajador. Para completar el conjunto maravillosamente with it, un reloj pulsera masculino.”
Pero la última palabra sobre el triunfo del unisex llega (apropiadamente) de Londres, donde empezó todo. Un número reciente de London Life trae ocho páginas en colores, con un conjunto de hombres en “vibrante corderoy rojo” y de mujeres en “trajes marineros de telas rústicas”, proclamando: “Las muchachas se parecen a los muchachos que parecen muchachas”.
El aspecto neutro, sin embargo, no se reduce a la ropa y a los peinados. Los adolescentes han estado bailando de la misma manera desde hace tiempo; en vez de asumir su tradicional rol conductor en la pista de baile, el joven se esfuerza en imitar las contorsiones y los espasmos de su pareja. Ahora también usa los mismos cosméticos; la compañía Daña Perfumes, que descubrió recientemente que el 20 por ciento de los consumidores de su colonia para hombres Canoe eran muchachas, informa que uno de sus más solicitados productos en venta es una colonia llamada “His-Her” (suyo, suya), promocionada como “el perfume de la unión”. Y, al menos para el auditorio radial adulto, los muchachos y las chicas comienzan a sonar de la misma manera; hoy se necesita un oído entrenado para determinar si la voz de falsete que gime la última melodía pop pertenece a Brenda Lee o a Little Anthony, de los Imperials. Para agregar confusión, un nuevo grupo llamado The Boys (Los Muchachos) está compuesto de tres muchachas.
La tendencia unisex tiene sus apósteles comerciales. John Stephen, el diseñador londinense de modas masculinas cuya “Peacock Revolution” (revolución del pavo real) se difundió desde Carnaby Street a casi toda Gran Bretaña, planea abrir 21 boutiques masculinas, en los Estados Unidos, en 1967. Cuando la primera boutique norteamericana de Stephen se inauguró en una tienda de Minneapolis los adolescentes prefirieron las prendas peacock, como ser camisas beige bordadas con flores turquesas.
unisexoLa mayoría de los adolescentes rechazan con vehemencia la noción de que la actual confusión en la distinción de sexos va más allá de la apariencia exterior. “No me encuentro nada de femenino —dice un melenudo de Los Angeles—. Me visto y actúo como me gusta. Sé que soy muy viril, y aunque una chica sea completamente calva, sé que es una muchacha.” Algunos adolescentes, de hecho, afirman que el aspecto “neutro” agrega una atrayente nueva dimensión al flirt. Dice una rubia de 15 años, habitante de los suburbios de Chicago: “Me gusta el pelo largo en los muchachos, es tan diferente”.
En sus propios esfuerzos para explicar el unisex, los psicólogos y los psiquiatras vuelven —con algo de desgane— a los grupos musicales pop. En The Disappearing Sexes (Los Sexos en Desaparición, un estudio de la ambigüedad sexual entre los adultos, del psiquiatra Robert Odenwald), el autor examina el impacto psicológico de los
Beatles en las costumbres de los adolescentes. Dice Odenwald: "Las muchachas podían identificarse con ellos y también podían hacerlo los muchachos, y las canciones que cantaban eran esencialmente carentes de sexo; los Beatles representan un terreno común de encuentro”. (Hoy, el terreno de encuentro parece haberse reducido a Mick Jagger, astro de los Rolling Stones, que de espaldas parece una muchacha de caderas esbeltas, y de frente un muchacho con el pelo largo.) El modo de vestirse y de comportarse de los Beatles ha sido adoptado por los chicos como una especie de camouflage sexual protector. “Mitiga su ansiedad —explica el doctor Bruce Buchenholz, del New York’s Psychiatric Treatment Center—. Ellos pueden decir que él-ella no es tan diferente de mí y. por lo tanto, es más fácil para ellos establecer una relación.”
A pesar de todo, algunos investigadores creen que el unisex es más que una pose o protesta. Parece haber un trueque voluntario de papeles en los adolescentes, con la muchacha transformándose en el factor dominante, administrando los ingresos de su amigo, decidiendo cómo debe cortarse el pelo y adonde deben ir en sus citas, y hasta seleccionando su colegio y su carrera. “La muchacha le dice todo al muchacho —observa el gerente de una tienda de Boston—. Ella elige para él, el estilo y el color. El mira y escucha.” Algunos estudiantes secundarios norteamericanos muestran que salen solamente con una chica, usando dócilmente anillos de compromiso.
No es nada sorprendente que la mayoría de los psicólogos culpen a la madre por la nueva docilidad de los adolescentes masculinos. En ausencia de un fuerte influjo masculino durante todo el día, el muchacho medio puede decidir que la madre es el verdadero centro del poder e iniciativa en la familia. Cuando esto ocurre, el hombre llega a aceptar las directivas femeninas —de hecho, hasta las busca— en sus compañeras adolescentes. Al mismo tiempo, otros observadores han percibido una extensión del culto enfermizo de la madre. Como ellos lo ven, la madre sobreprotectora y matriarcal ha sido reemplazada por la mujer que compite con sus hijos en todo, desde el skate-boarding hasta el jerk. En la década del 60, las clásicas madres posesivas están fuera de moda. Ahora lo están las Momma A Go-Go.
Cualquiera sea la base psicológica del unisex, la mayoría de los adultos estarán muy interesados en saber si es una tendencia pasajera o algo permanente. Los fabricantes de cosméticos para adolescentes ya hablan de una línea masculina de “lápiz para los labios y pestañas postizas”; y John Stephen está preparando “botas florales” y una camisa floreada con cuello terminado en puntas que se extienden casi hasta el ombligo. Pero el psiquiatra Buchenholz sospecha que el unisex está ya condenado, porque se ha infiltrado al nivel del colegio secundario. Explica: “Cuando los adolescentes mayores no se distingan de los adolescentes menores, la pose que han adoptado perderá su valor. Deberán comenzar a parecer y a actuar de diferente manera”. ¿Como muchachos y chicas, otra vez?
Página 41 - PRIMERA PLANA
22.03.1966
 

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