Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado
![]() |
||
| DEPORTES Bonavena: Como postre, Zulma Faiad “¡La nena quiere a Ringo!” “¡Y Ringo quiere a la nena!" Las pataditas de Zulma Faiad sólo levantaban un suave polvo del tablado. Las que daba Oscar Bonavena para apoyar su bocadillo hacían temblar todo el teatro. El granítico campeón pesado sigue en la calle Corrientes, pero su empresario habitual, Juan Carlos Lectoure, promotor de boxeo, es reemplazado en las noches de Bonavena por Carlos A. Petit, fabricante de revistas musicales. La aflautada voz de Bonavena hacía temblar de risa —en los ensayos del Astral— a la inquietante Zulma Faiad. Petit les explicaba a ella y al Pato Carret: “Es un boxeador. No es un actor. Tenemos que apoyarlo”. Y a Bonavena: “Muy bien, pibe. Vos quédate tranquilo. Lo estás haciendo bien. Habla fuerte para que te oigan todos. Anda tranquilito que la Nena y el Pato te van a dar el pie”. El boom de Bonavena es definitivo. Criticado por los entendidos tras su combate con José Georgetti, la estrella del vociferante Ringo se enciende con otro fulgor: “¡Qué Luna ni Luna! A mí me gusta el sol”, exclama conforme al libreto. Y mientras dice eso abandonando a su manager de la ficción— Carret—, Ringo alza en brazos a su estupenda compañera y hace mutis con un destino imaginable. “Yo soy yo. Lo que tengo es mío. Lo que es mío lo hice yo.” Oscar Bonavena (23 años, casado, una hija) es un círculo cerrado. Pero un círculo con púas. Hay quienes saltan como electrizados al oír su nombre. Gregorio Peralta, ex campeón argentino de los pesados y todavía titular sudamericano, es uno de ellos. El diálogo se prolonga desde que Bonavena puso un pie, calzado con una bota, en Ezeiza al regresar de su campaña norteamericana. Bravucón, exaltado, Bonavena prometió deshacer a Peralta. Tras su enfrentamiento en septiembre del año anterior, los papeles parecen haberse invertido: Peralta es el que asumió el rol detonante desafiándolo pero sin concretar. “Que diga todo lo que quiera. Yo me voy a sentar en una perezosa y voy a esperar que se decida a pelear.” Es sólo una frase y Bonavena está hecho de frases. Gracias a ellas, y en menor medida a sus puños, ganó en cuatro peleas, desde junio de 1965 hasta ahora, siete millones de pesos. En esas ruidosas luchas, la recaudación bruta total sumó casi 33 millones de pesos. El nombre de Oscar Bonavena es negocio y la empresa tiene un solo dueño: él. “A Cassius Clay le hacen los libretos. A mí no me los hace nadie.” Bonavena, comiendo un plato de tallarines con pesto en la casa de su madre, no fanfarronea. Es el dueño de su cuerpo y de su mente. El manotazo, la sonrisa compradora o el ademán ampuloso quedan afuera de la cuestión. Es un hombre fuerte que habla de dinero: “Si fui al programa donde Peralta comenta boxeo es porque me iban a regalar un reloj de sesenta lucas. A él lo quiero ver solamente arriba del ring. Anda diciendo que a Georgetti no le gané y que en los Estados Unidos no me quieren. En Aerolíneas tengo dos pasajes reservados para ir a Norteamérica; acaban de llegar”. Bonavena, que el lunes 18 fue severamente amonestado por el promotor Lectoure a raíz de su última actuación [ya había sido silbado en público], asegura que no hay nadie que le monte su publicidad ni que le dé consejos: “Yo de Clay no copio nada. Yo siempre fui así. Me gustó el papel de malo. Y así hago lo que quiero con la gente y lleno el Luna Park”. Su hermano Vicente, jugador de fútbol en receso, explicó: “Es verdad. Cuando era amateur, al principio no más, iba a pelear en Unidos de Pompeya. Cuando llegó fue a ver al rival y le dijo que lo iba a matar, que tuviera cuidado. No hubo combate; el otro se escapó”. La contra de Oscar Bonavena es que lo que él dice para que se lo crea el público y para engrosar su bolsa, lo creen también en el ambiente que lo rodea. Así es como no puede entrenarse correctamente para su combate porque no consigue sparrings, pese a que es uno de los que mejor paga: “Me tienen envidia, por eso me hacen el vacío. Yo no puedo conseguir sparrings y viene un extranjero, como sucedió con Daniels cuando iba a pelear conmigo, y se lo ofrecen a él. ¡Y lo que me pasó en Mar del Plata! Hice guantes con Miguel Angel Páez, el ex campeón semipesado, y al día siguiente me pidió disculpas, pero me dijo que no me podía ayudar más, porque si volvía a hacer guantes conmigo no lo dejaban entrar más en el gimnasio. El ambiente estaba contra mí”. El granítico Bonavena afirma que no tiene nada que ver con Andrés Selpa, un ex fanfarrón que eligió el camino de la humildad para reaparecer con éxito. “¿Que Selpa me da consejos? Yo se los di, a veces. Él está equivocado ahora. ¿Cómo? Antes era malo y ahora es bueno. No puede ser. Hay que mantener una línea. Con Peralta pasa lo mismo. El villano era yo y él era el bueno. Ahora resulta que él se quiere hacer el malo. Muy bien, entonces yo no le voy a discutir ni a fanfarronear. Unicamente le voy a pedir que se cuide; que si le hace falta plata yo le pago el médico para que lo revise antes de pelear conmigo. Él dijo por ahí que yo le gané porque está viejo. Si está viejo tiene que tener cuidado con los golpes en la cabeza.” El plato de tallarines con pesto dio lugar a otro de polenta. “Hacía 20 días que estaba a churrasco y ahora me desquito.” La pelea con el reacondicionado Georgetti ya pasó: “Pensaba tomarme unas vacaciones, pero me salió esto del teatro y me quedo. Son tres semanas y voy al 20 por ciento de la recaudación. Puedo hacer un par de millones de pesos. Además voy a filmar una película con el mismo tema. Y es otro millón más. ¿Qué voy a hacer; voy a esperar sentado que vuelva el boxeo? Mientras Peralta se decide hago teatro con Zulma Faiad, que está mucho mejor. Eso es lo que le da bronca a la gente. Yo soy ganador. Pero es porque tengo decisión y porque no me importa el qué dirán. El asunto es que mi nombre brilla en la calle Corrientes”. Boxeo, teatro, discos: “Yo canto porque me gusta; y el teatro también me gusta. Pero canto en la radio y trabajo en el teatro porque soy Ringo Bonavena. Si no, cantaría en el baño de mi casa. Pero a Ringo Bonavena lo hice yo. Me dicen que tengo miedo de ir a los Estados Unidos. ¿Y por qué voy a ir? Voy si me conviene. Cuando termine el teatro, viajo. Si me conviene lo que me ofrecen para pelear con Chuvalo, me quedo; si no, vuelvo. Si yo estoy ganando dos millones por pelea aquí; tengo los discos, no voy a ir a pelear allá porque sí. Me quedaré en los Estados Unidos si me ofrecen por lo menos tres millones”. El plato ahora presenta un churrasco: “La vida de la farándula no me perjudica para nada en mi carrera de boxeador. Es el mismo mundo de la noche. Yo estoy abriendo un camino. Ya no es como antes. A los boxeadores los miraban como a locos, a tarados, a borrachos. Ya no somos más gladiadores. Somos artistas. Así que es lo mismo. Para pelear yo me entreno, ensayo lo que voy a hacer. Para el teatro es lo mismo. Y si puedo hacer las dos cosas y ganar más, por qué voy a desperdiciarlo. Nino Benvenutti trabaja en la televisión y es campeón mundial. Además me gusta el ambiente. Soy muy amigo de Palito Ortega, que es un muchacho macanudo. Hoy no vino a almorzar porque tenía que arreglar un negocio de departamentos”. Interviene otro hermano, José, quien se reparte las tareas de secretario de Vicente: “¿Sabe por qué son amigos? Porque éste le trata a Palito como lo que es, como a un muchacho. Palito está rodeado de adulones, de tipos que le dicen señor Ortega por aquí, señor Ortega por allá. Este llega, le da una piña y le dice: ¿cómo estás, Cabecita?” Un departamento, un automóvil, una importante cuenta en el banco, un par de pasajes para los Estados Unidos en el bolsillo y una confesión: "La verdad, ¡estoy podrido del boxeo! Hay managers que no me dan sparrings pero mandan a sus boxeadores al matadero, por el interior. Hay mucha envidia. ¿Por qué no le exigen a Peralta que pelee por el título sudamericano o que lo deje? Ya hace seis meses que estoy esperando y ahora quiere cuatro meses más. A veces me dan ganas de largar”. ¿Y cuando realmente tenga que colgar los guantes? Los tres Bonavena juntan sus cabezas sobre el plato de bananas con dulce de leche y discuten. El plan ya está en marcha: “Voy a poner una cochería. Mi hermano José tiene experiencia en el negocio”. No hay alusión para los rivales. ♦ [RICARDO FRASCARA] PRIMERA PLANA 26 de abril de 1966 |
||
|