Mágicas Ruinas
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cordoba se divierte

CORDOBA SE DIVIERTE
El boom turístico cordobés se acrecienta bajo la inteligente promoción de tres ciudades claves: Cosquín, cuyo Festival Internacional del Folklore se repite exitosamente desde hace nueve años; La Falda, escenario de la resonante Fiesta del Tango, y Carlos Paz, sede de las boites más modernas del interior

COSQUIN: PARA PERDER EL SUEÑO
Desde hace nueve años, durante los meses de enero y febrero, la plaza Próspero Molina, de Cosquín, se convierte en el epicentro del alboroto cordobés. En sus inmediaciones, una multitud ansiosa y bullanguera comparte con conocidas figuras del folklore nacional la responsabilidad del show más publicitado de la provincia. La versión 1969 del Festival Nacional del Folklore no fue menos resonante que las anteriores: más de 200 mil personas se apeñuscaron en la pequeña ciudad del Valle de Punilla para escuchar una vez más a sus ídolos preferidos o descubrir el talento de tantísimos aspirantes a la popularidad.
Entre los conjuntos tradicionales —y tal como ha venido ocurriendo en los últimos años— sólo Los Fronterizos, Los Chalchaleros, Los Quilla Huasi y Los Trovadores desencadenaron estruendosas ovaciones. Las palmas ofrecidas a los debutantes fueron monopolizadas por el Dúo Salteño, el Quinteto Tiempo y las perturbadoras minifaldas que lucieron las integrantes del grupo Los Manantiales.
Una de las presentaciones que más impactó a los espectadores fue, sin duda, la del porteño Roberto Rimoldi Fraga, un intérprete que se autodefine "abanderado del revisionismo histórico". La respuesta a sus temas, de nutrido tono realista, estuvo a cargo de Los Fronterizos, Los Chalchaleros y Eduardo Falú, quienes por primera vez interpretaron juntos una canción unitaria.
Las cuestiones sociales no estuvieron ausentes en el amplio repertorio que abarcó el noveno festival. Si bien uno de sus más empecinados cultores —Horacio Guarany— no tuvo acceso al escenario —una versión circulante consignaba que el gobernador cordobés Carlos Caballero habría amenazado con retirar el apoyo oficial si H. G. participaba del espectáculo—, los solistas Mercedes Sosa y Carlos Di Fulvio se encargaron de que los temas de protesta no quedaran marginados de la fiesta.
En el fatigoso terreno del humorismo campero, el chaqueño Luis Landriscina se encargó de refirmar una vez más que el talento puede revitalizar la veta más agotada. Un desafío similar fue el asumido por las secuaces de Santiago Ayala —El Chúcaro— y Norma Viola, acompañada por su apoteótico ballet: los dos grupos de baile ofrecieron divertidas recetas de cómo puede conquistarse el entusiasmo general, apelando a estructuras coreográficas poco valoradas por el público.
El Festival sirvió, además, para certificar que el boom turístico desatado en su transcurso está trascendiendo los terrenos puramente folklóricos. No todos los que viajaron a Cosquín se congregaron en torno de la plaza Próspero Molina o invadieron las infinitas peñas que lo rodean. Los turistas desafectos a la música nativa se refugiaron en los cinco night clubs de la ciudad, donde, durante los nueve días que duró el espectáculo musical, fue prácticamente imposible conseguir mesa. Santos Sarmiento, uno de los organizadores del show, definió con bastante precisión el fenómeno que se opera en Cosquín en ese período clave del verano: "En esos días, uno duerme cuando el cuerpo ya no responde. No es extraño que al observar a cualquier persona una mañana, no se sepa si es un madrugador o un trasnochador que no se resigna a sacrificar una sola velada".

CARLOS PAZ: LA NOCHE BRAVA
Si Cosquín ostenta sin discusión el título de Capital del Folklore, Carlos Paz ciñe una corona no menos pomposa, aunque más sonorizada: se ha convertido en la Capital del Ruido. Sobre los pormenores de esta trasformación —Carlos Paz pasó a ocupar el segundo lugar, después de Mar del Plata, en la nómina de ciudades turísticas argentinas— SIETE DÍAS se ocupará ampliamente en el próximo número. Sin embargo, y a manera de anticipo, cabe hacer una selección de los cuatro principales templos del ruido que cada noche reclutan fuertes contingentes, ávidos de soul y chewy-chewy.
Cuando proyectaron el reacondicionamiento de Tempo, Alfredo Lamas y Víctor Cornaglia no vacilaron en invertir 35 millones de pesos: pretendían crear una boîte distinta, exclusiva, ultrasofisticada. A juzgar por la selección de clientes —el acceso es controlado discreta pero implacablemente por personal de etiqueta— y los detalles decorativos, han logrado sus objetivos. Alfombrados color naranja, rejas antiguas de hierro forjado, una barra de once metros de largo, un tobogán para deslizarse hasta la pista de baile, cuyo piso trasparente cubre una amplísima pileta de natación, son elementos como para conformar al más exquisito de los parroquianos. Sin embargo, Lamas y Cornaglia ya acarician planes renovadores: para la próxima temporada habilitarán terrazas con vista al lago San Roque y construirán más natatorios en el exuberante parque natural que rodea a Tempo.
Tal vez con menor refinamiento, pero congregando cada vez mayor clientela, seis jóvenes barbados porteños se alternan en la atención —casi familiar— de Jimy's. Sin protocolos ni control de ingreso, apelando a los ritmos de moda más violentos, el sexteto ha logrado captar al turismo adolescente de Buenos Aires y del ambiente tuerca cordobés. Lo demuestra su playa de estacionamiento, inevitablemente poblada por coloridos coches sport. Alentados por el éxito, sus dueños resolvieron mantenerla habilitada todo el año.
Con sustanciales variantes, los hermanos Del Campillo Pizarro —hartos de recorrer el mundo con una mochila a cuestas— se dejaron seducir por las andanzas del legendario Pancho Villa: bajo su advocación, instalaron en la cima de un cerro con vista al lago un night club al más fanático estilo azteca, incluyendo una galería de arte donde exponen joyas en plata y cerámicas mexicanas. Las vinculaciones de sus dueños con la high society cordobesa convirtieron a Pancho Villa en un aristocrático reducto, que durante la temporada invernal cobijará un elegante salón de té.
Otra novedad de Carlos Paz en materia de boîtes la brinda Oh. Concebida por Eduardo Hagipantelli y Alberto Landó, capitaliza la presencia de parejas en busca de sosiego. Ritmos suaves, mullidos sillones y discretísimos mozos hicieron de Oh un refugio ideal para los devaneos sentimentales.


LA FALDA- DOS POR CUATRO
Estaba previsto que la céntrica avenida San Martín, en la localidad cordobesa de La Falda se convirtiera el pasado sábado 8 en un gigantesco escenario al aire libre. Miles de turistas asistieron allí a la jornada inaugural de la Quinta Fiesta Nacional del Tango, que se prolongará hasta el domingo 16, y donde se presenta un ecléctico grupo de cultores tangueros del Río de la Plata. Aunque, en realidad, el Festival debía desarrollarse dentro de las instalaciones de la Comisión Municipal de Cultura y Turismo, el caudaloso público lo siguió desde la calle, mientras decenas de quioscos —que vendían empanadas, asado, sandwiches y vino— capitalizó esa voracidad.
Así se inauguró la Fiesta, que en su primera noche finalizó pasadas las cuatro de la mañana. Durante las jornadas siguientes no decayó el interés popular: caravanas de ómnibus trasportaron hasta el valle de Punilla a fans tangueros de la capital cordobesa y otras provincias vecinas, abarrotando los hoteles y pensiones de la ciudad serrana. Para el uruguayo Luis Rodríguez Roque, jefe de prensa del festival, la explicación del éxito radica en una razón atendible: “Los organizadores comprendieron que Ja única manera de lograr el éxito comercial reside en no buscarlo, y así fue como lo más astuto que hicieron fue reunir a figuras consagradas no solo por su fama sino, antes que nada, por su calidad musical”. En un cuidadoso cóctel fanguero, el público pudo volver a escuchar a la orquesta montevideana de Donato Racciati, con sus cantores Alberto Rivero y Mabel del Río, que obtuvieron una delirante ovación. No menos insólito fue el sketch que brindó el venerable Tito Lusiardo, un sobreviviente de épocas gloriosas, quien tremoló unos versos en recuerdo de Carlos Gardel. Los menos ortodoxos aplaudieron las intervenciones de Panchito Cao, cuyo trío de clarinete, guitarra y violoncello evocó viejos temas de Angel Villoldo. Tanto el solista Jorge Casal como la orquesta de José Libertella, constituyeron las más sólidas representaciones porteñas; el cantor de La Falda Oscar Davalle, por su parte, interesó a los entendidos con los tangos Esta noche me emborracho y Malevaje. Los organizadores ya están previendo las posibilidades de realizar la versión 1970 del festival de La Falda en locales que ofrezcan mayores comodidades a una corriente de público que —al superar todas las expectativas— está convirtiendo a la Fiesta del Tango en uno de los eventos más importantes de la temporada turística. ■

[Texto en los recuadros de fotografías y epígrafes]
(Recuadro inferior izquierdo): Durante nueve días la ciudad de Cosquín se convierte en la capital nacional del folklore. Más de 200 mil personas participan ruidosamente del encuentro con sus ídolos preferidos. Como en años anteriores, Eduardo Falú, Los Chalchaleros y Los Fronterizos monopolizaron el entusiasmo popular. Un delirio similar, pero más íntimo, se desparrama en las boites de Carlos Paz. Jimy's, por ejemplo, nuclea a la mayoría tuerca de Córdoba.

Espacio de publicidad: Los ruidos de Carlos Paz

TEMPO: La noche más sofisticada de Carlos Paz. Apto únicamente para quienes sepan disfrutar de exclusividades absolutas.

JIMY'S: El lugar de reunión de los enemigos del protocolo y los tuercas de todo Córdoba. Copas, música y juventud en pleno.

PANCHO VILLA: Todo el exotismo azteca, lindas chicas y cien de asombro. Un amable reducto para pasar...

OH: Algo más que una exclamación de asombro. Un amable refugio para los buenos momentos.

Siete Días Ilustrados
17/02/1969

 

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