Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado

enrique pinti
El gran bocón
En Salsa criolla, Pinti revisa la historia argentina.
Enrique Pinti es feo, macilento, demasiado alto. Uno de esos engendros que jamás pasan desapercibidos en la calle o el bar. Pero abre el pico y estás listo. Es una ametralladora, che. Algo así le decía a este redactor cierto informe invitado al prestreno de Salsa criolla, cabalgata histórico-musical de y por Pinti, en el Teatro Liceo. Allí, esa noche todos se habían autoconvocado para escuchar al Gran Bocón: Renata Schusscheim y Tania. Antonio Gasalla y Lolita Torres, Jean-François Casanovas y Ambar La Fox, Tato Bores e Irma Roy. Andrés Percivale y Jovita Luna, Jorge Luz y Osvaldo Papaleo, María Rosa Gallo y Jaime Torres, China Zorrilla y Reina Reech, Tita Tamames y el agregado cultural de los Estados Unidos. Todos hermanados en el disfrute de un laaargo monólogo trozado en porciones de alta mordacidad, empezando por el cuadro de la reina Isabel de España (nuestros orígenes) y terminando con El cazafantasmas (lloro autocrítico
de nuestro presente). Sin olvidar, por supuesto, lo mejor del show: el transformismo de ese argentino inmigrante, malevo, latinoamericanista, hippie. exiliado, bicicletero. perdedor e irrealizado entre golpes militares, falsas verdades y nostalgias latigueras. No en vano el show arranca con la frase: “Voy a contar la historia argentina desde el punto de vista de mi ignorancia absoluta sobre el tema porque yo estudié en el mismo lugar que ustedes", y propone "partir de 1492, cuando la Argentina no existía, para llegar a 1985, cuando casi no existe". Humor ácido, impiadoso, que ameritaba este reportaje:
—¿A quién votó para presidente en las últimas elecciones, Enrique?
—Voté por Alfonsín.
—¿Cómo vio al doctor Alfonsín en la gira por los Estados Unidos?
—Bien. Se animó a tocar temas como Nicaragua o deuda externa, que son un sarpullido. Por menos que eso te sacan de Norteamérica a patadas.
—¿Y Reagan?
—Me pareció verlo en una de sus películas clase B (como todas las que hizo), haciendo como que acepta las condiciones de paz del cacique Bigote Parado pero oteando el horizonte a la espera de la Séptima Compañía, que siempre vendrá a salvarlo. O diciendo: "Vos hablá, que yo tengo la plata ".
—¿Oyó el rumor de que Isabel Perón iba a casarse con un noble europeo? ¿Qué opina?
—Nada. No se puede hacer un chiste sobre un chiste. En todo caso, que se case y sea feliz, santa de Dios: es joven y tiene plata.
—Para ser un cómico, no está usted muy chispeante. ¿No cree, Pinti?
—Puede ser. Crecí y ahora me río cada vez de menos cosas.
—¿Por ejemplo?
—Yo me reía de los Sábados continuados de Héctor Coire, que Dios lo tenga en la gloria. Pero si yo me siguiera riendo con Sábados de la bondad, el tarado soy yo. Querría decir que no tengo de qué hablar en casi 20 años.
—Cambiando de rollo, ¿se enteró del intento de atentado contra Herminio?
—¿Contra Herminio Iglesias, dice? No sé. le habrán tirado con un diccionario: es la única manera de atentar contra él. Además, usa chaleco. No me resulta cómico un personaje que tiene un criterio tan parecido al del fascismo. Cámbieme el rollo de nuevo. . .
—¿Me deja tirarle nombres? Bueno: Menem.
—Cuando yo hacía Pan y circo, en plena guerra de Malvinas, se sentó en la primera fila, aplaudió de pie y me dio ánimo. Tengo una gran debilidad por Menem. Si va a ser el futuro presidente de los argentinos, no sé; tendrá que exhibir algo más que su carisma, pienso.
—Sigamos: Alsogaray.
—Yo tengo 46 años y me acuerdo de que él tuvo su oportunidad. Y nadie le daría el Nobel de economía. No coincido con él. Creo que los que ya fueron ministros de economía deben callarse, porque gracias a las políticas económicas implementadas en los últimos 40 años el país está como está.
—Alende. . .
—Es como mi abuelo. Me encanta. Es uno de los pocos tipos que todavía tienen honor. Eso me simpatiza de él más que su plataforma, donde hay cosas con las que no coincido (no pagar la deuda, por ejemplo).
—¿Le molestó que el grupo de rock Yes actuara en la Argentina?
—¿Por qué? ¿Sólo por ser ingleses? No. Yes no declaró ninguna guerra.
—¿Qué le parecen las sesiones parlamentarias?
—Tragicómicas. Las vi por televisión. Esos tipos ponen tal énfasis que uno se pregunta si lo hacen por el país o por sus carreras políticas. Pero todo es preferible al silencio. Cualquier cosa. Hasta que hable Silvina Bullrich me aguanto. . .
—¿Conoce a la señora Silvina?
—No, y nunca estoy de acuerdo con ella. Pero la quiero mucho porque siempre dice lo que piensa.
—Otro nombre: Mario Sapag.
—Un tipo encantador, noble, humilde.
—Otro: Grinspun.
—Un guarango, pero también un tipo honesto. Digamos que hasta en sus guarangadas era un ministro honesto.
—A propósito, dado que usted no adhiere precisamente al vocabulario de la Academia Argentina de Letras, ¿qué opina de las malas palabras en tevé?
—No me parecen bien, porque a través de la televisión uno se mete en la intimidad de los demás. En cambio, en el teatro me resultan perfectamente potables. O

Raúl García Luna
Entrevista: Walter Sequeira.
Fotos: Luis Pozzi y Fabián Mauri.
Revista Somos
05.14.1985

ir al índice de Mágicas Ruinas

Ir Arriba