Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado
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| TITA MERELLO, HUGO DEL CARRIL, PINOCHO, LOLA MEMBRIVES,
ALBERTO DE MENDOZA, DRINGUE, MAGAÑA, STRAY, VILLITA, BONARDO, TINA
ELBA, TATO BORES, PALMA Y CESAR TIEMPO EN TORNO DE UN LIBRO DE HÉCTOR MENDEZ El actor Héctor Méndez ha publicado un libro: "Cuatro paredes”, entre las que revive esperanzas y recuerdos. Por esa causa, como homenaje a esta lírica decisión, las principales figuras de nuestro ambiente teatral y cinematográfico lo "asaltaron” en su casa para testimoniarle su total apoyo, y he aquí sus opiniones con sabor a madrugada, calle Corrientes y espera... HUGO DEL CARRIL POR una extraña casualidad conocí a Méndez cerca de su viejo refugio. Salíamos con la increíble Tita de Los Dos Patitos. Me lo presentó a la disparada, Ahí nomás... En la vereda. Fulano . .. Fulano . .. Mucho gusto. La mirada de Tita se hizo más brillante y el sonido de su voz perdió su tono habitual, seco, cortante. ¿Cómo estás? A mí me dio la sensación de que lo acariciaba. Cuatro o cinco frases más y nos despedimos. Mientras íbamos hacia el coche, Tita iba como contando baldosas. "¡Qué tipo loco!..., dijo de pronto. ¡Pero qué muchacho maravilloso! ... Lo quiero mucho, ¿sabés? Y estoy contenta. Ahora se porta bien". Después me contó muchas cosas más. Durante la filmación convinimos con Tita en cenar el sábado en Los Dos Patitos. Me anticipó que seguramente Méndez tomaría un café con nosotros. "Quiere obsequiarle un libro que ha escrito." Pensé: "No tendré más remedio que leerlo". .. Y Méndez vino. Cuidadosamente envuelto, trajo su "Cuatro paredes". Lo desenvolvió parsimoniosamente. Me dijo algo así como: "Discúlpeme. Todos cometemos errores en la vida". Yo lo miré. Si hubiéramos sido amigos de pibes, estoy seguro que lo hubiera llamado "Agua Mansa". Abrí el libro. Tropecé con cuatro páginas de César Tiempo. Cuatro páginas comprometedoras. Un humilde prólogo y ... "Cuatro paredes". Pero ni húmedas, ni mal pintadas, ni mal hechas. ¡De cemento armado!... Ya no puedo dejar el libro y me lo despacho de un tirón. Su soplo místico-romántico me apresura las hojas, me obliga a leer con avidez. Sin buena digestión. Acto seguido le doy otra "corrida" más "suave". Y Agua Mansa se me aparece tal como lo describe Tiempo. Con un desacuerdo. No hubiera, matado nunca. Hubiera ido de fracaso en fracaso, sonriente. Hubiera caído en el camino, sonriente. Afortunadamente, no será así. Está destinado a ser un "pur sang" de nuestra gran familia. "Cuatro paredes" es solamente su primera carrera. Y entró primero en el marcador. Apago la luz y me duermo con la visión de Agua Mansa hundiéndose noche tras noche en la cortadita de Carabelas del brazo de la divina furia de querer decir cosas. Y yo también pienso en mis cuatro paredes lejanas y queridas. DRINGUE FARIAS Querido Héctor: Por fin, después de tanto tiempo, hoy te tengo en mi casa entre “Cuatro paredes”. Tu libro goza de originalidad, sencillez, claridad, concisión, armonía y naturalidad. El don de escribir con naturalidad no es una aptitud “inconsciente” más que hasta cierto punto. La naturalidad se adquiere a fuerza de trabajo. “Hay un arte —dice Cicerón— en parecer sin arte”. Gracias por tu libro lleno de cosas hermosas. Gracias por todos los recuerdos que sus páginas me traen. Un fuerte abrazo. Dringue Farías y Augusto Bonardo. LOLA MEMBRIVES UN humorismo hondo, poético, filosófico, se palpo en estas impresiones de Héctor Méndez: "Cuatro paredes". Juglar en el teatro, Méndez lo es también en el libro. Da placer leer algo que nos llega a nuestra sensibilidad como lo hace en sus creaciones y en sus citas. Siento en todo él una gracia personal de escritor. JUAN CARLOS MARECO RAFAEL Frontaura, que es un chileno inconsciente, que juega "en serio" al teatro, y "en verdad" a la amistad, y que un día dijo que "el agua era como el vino, pero sin color y con gusto a bote", dice que a Héctor Méndez "le gusta andar sonámbulo, pálido y solitario" ... Héctor agrega al final de sus "Cuatro paredes": "pero llevando del brazo las cosas que quiero" ... Y así ha sido. Héctor Méndez siempre ha llevado al brazo, un pintoresco y enfervorizado y vibrante mundo de luchas, de triunfos, de sonrisas, de talentosas realizaciones, de viajes, de Cortada de Carabelas, de Villitas, de simpatías ... y todo, remolcado con tino . .., y a veces con Tina... Lo que nos abruma gozosamente ahora es ver de su brazo estas deliciosas "Cuatro paredes", que ojalá sean el "Méndez Empire State" de la literatura, para alegría de sus amigos y para rabia de los que echaron abajo el "Ateneo". Qué van a ser "húmedas, mal pintadas y mal hechas", como dice "el joven barbilucio de voz insolada"... Si alguna aparece será de una lágrima de alguien de la barra al leer estas páginas queridas. ALBERTO DE MENDOZA Hace unos cuantos años, cuando penetrar en los misterios que de noche tenía Buenos Aires era además un placer, en cierto' modo constructivo para los que empezábamos a caminar —casi al rayar el día y cuando el sol (ese ser incómodo) amenazaba destruir los sueños—, yo veía pasar por Corrientes arriba a dos porteños de Veras, de paso tranquilo, delgados y encerrados en una amistad que era difícil penetrar... Uno de ellos, nervioso de ademanes y voz de barricada,- con el ala del sombrero insolentemente levantada de costado; el otro, calmo, sereno, seguro de su vida, como un buen discípulo del glorioso Unamuno. Daba gusto verlos y, por qué no, envidia. Iban camino cada uno de sus "Cuatro paredes". Pasado el tiempo pude por fin acercarme a ellos, pero no en el privilegio de esas caminatas sino apoyado en una barra o mostrador, que mucho enseñó a muchos, por lo menos a mantenerse derechos como hombres .. . Traté siempre de bucear en la profundidad de ese flaco insolente, del ala del sombrero insolente. Nunca pude conseguirlo; tuve la suerte de trabajar a su lado e inclusive de querer copiar ciertos ademanes al actuar, pero que eran único privilegio de este personal actor; compartí noches de "quiácara" y gloriosas "salidas al mar"; y cuando ya me creía acercado a su fondo, su voz de barricada rechazaba el intento. Yo entonces envidiaba a Sebastián Chiola, el discípulo de Unamuno; porque él sí sabía de su fondo y por tal lo quería. Hoy, que ya la noche en Buenos Aires ha dejado de tener misterio, que los mostradores o barras o estaños no hacen tener a los hombres derechos en todo sentido; hoy su magnífico libro "Cuatro paredes" es el mejor regalo que puede hacernos este flaco insolente del ala del sombrero insolente a los que creemos en él, tal como él es. Nada insolente, todo ternura y con ansias de creer. . . Adelante Autor y no en cartel francés. TITA MERELLO CONOZCO A Héctor Méndez. Es un hombre bueno. Eso refleja sus sueños, el espíritu de un buen hombre. Quiere al teatro. Quiere a sus gentes. El mundo debiera estar lleno de seres como él. Cree en Dios: el hombre debe sentir a Dios en su conciencia primero. Su libro me gustó. *.pie de fotos.* -Tina Elba, señora de Méndez. Héctor confiesa en el libro que ella puso techo a sus “cuatro paredes", cuatro paredes de afecto, comprensión y esperanza. -Ángel Magaña estuvo junto al autor y al libro. Grandes recuerdos unen a ambos una larga amistad, una misma lucha, que es la que se vive a través de las páginas de la obra. -Oscar Villa (Villita), Juan Carlos Palma y César Tiempo (autor del prólogo de “Cuatro paredes”) comentaron con calor muchos de los pasajes del nuevo libro. -El libro de Méndez consiguió algo muy importante: hacer hablar en serio a Tato Bores y Adolfo Stray. Revista Platea 11-11-1960 |
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