Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado
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| COMUNIDADES Llegaron los Hijos de Dios A pocas cuadras del cementerio de la Chacarita, en un edificio a medio construir, se ha establecido una de las últimas sectas detectadas en Buenos Aires; se trata de los Hijos de Dios, especie de grupúsculo internacional cristiano liderado en el país por el argentino Darío Gianella, rebautizado como Manases por sus cofrades. Gianella conoció al movimiento bíblico en Perú, el año pasado, mientras actuaba como baterista de un conjunto beat. Allí Ruhama, una joven norteamericana, lo testificó, es decir, le trasmitió las verdades divinas. Cuando Manases regresó a su ciudad, se dedicó de inmediato a reclutar discípulos nacionales; actualmente convive con ocho muchachos argentinos y otros tantos del resto de América latina y Estados Unidos. El grupo desarrolla una intensa actividad apostólica: recorre calles y plazas repartiendo folletos y entonando canciones. Una de las preferidas se llama Tienes que ser un niño, lema —entre varios más— del movimiento. “Las respuestas a los problemas de hoy —profetizan los Hijos de Dios— así como a los de ayer, han sido siempre tan simples, tan infantiles y tan sencillas, que muchos no podían creerlo. El amor a Dios y a su prójimo resolverá todos nuestros problemas”. Este, dicen, es su trabajo; se mantienen con los ingresos que les dejan las publicaciones vendidas del Children of God’s Intemational Trust y con las contribuciones espontáneas que reciben. Además, cuando alguien entra en el grupo pone en común sus bienes; los gastos, empero, no son muchos desde que el Padre Felice les facilitó un edificio de cuatro pisos sin terminar, que estaba abandonado. La construcción se había financiado con fondos de fieles con el objetivo de levantar un colegio, pero ese proyecto se diluyó y las instalaciones quedaron libres. Cuando el sacerdote conoció las intenciones de los Children, se ofreció a ayudarlos. DESPUES DE LOS HIPPIES. Hace unos cinco años comenzaron a aparecer en Estados Unidos los denominados "hippies cristianos”. Con una fuerza sorprendente, los marginados, desorientados y —en su mayoría ex drogadictos— niños flor se fueron enrolando en las filas de sectas cristianas. Una de ellas —los Children of God— se difundió en EE.UU., Canadá, Europa y América latina. Darío Gianella explicó el surgimiento del grupo en los Estados Unidos: "En el momento más oscuro es cuando el Sol está por salir. Norteamérica es el país más oscuro del mundo y ha contaminado todo el planeta con sus plagas. Pero la semilla, cuando está muriendo, da vida, o sea, movimientos como el nuestro". No tiene —agregó— ninguna vinculación con la CIA, acusación que circuló en medios estudiantiles. Existe un intercambio asiduo de children. En la comunidad de Buenos Aires —por ejemplo— hay dos peruanos, dos portorriqueños y una norteamericana. En general, son to dos estudiantes que abandonaron su carrera para lanzarse a la aventura; en el edificio viven también dos matrimonios y cinco bebés. Los muchachos solteros habitan separados de las chicas: no están de acuerdo con las relaciones sexuales prematrimoniales. Cada noche, antes de ir a descansar, cuentan sus experiencias apostólicas y rezan juntos. Mantienen una estrecha vinculación con el fundador del movimiento, David Berg, pastor protestante norteamericano que hoy adoptó el sugestivo nombre de Moisés David; es el autor de la mayor parte de la literatura de los Children of God. ALADINO CON SU LAMPARA DE PETROLEO. Berg escribió un trabajo que ubica al movimiento en "el tercer grupo de Gaddafi". El mundo, según él, está en una terrible confusión, como resultado del ateísmo, el materialismo y el rechazo de los valores espirituales. La gente —sostiene— está esperando a un superhombre que pueda resolver todos los problemas y acabar con las guerras. Todo indica que ese ser —que en la Biblia aparece impidiendo la destrucción total en el fin de los tiempos— es Mu'ammar Gaddafi, presidente de (nota MR: el párrafo termina así en la crónica) "¡Nuestro moderno Aladino con su lámpara de petróleo, que le trae riquezas, poder y depósitos de oro, va a estar bien situado en la cumbre cuando el resto del mundo agote su combustible y su dinero!”, anunció Berg. Cuando ese colapso suceda, Gaddafi ofrecerá la alternativa de un "socialismo con Dios" que él, por supuesto, pretende dirigir apoyado en el sagrado libro del Islam (con sentido ecuménico, claro está). Esa escritura "reconoce y actualiza los Evangelios”. Manases Gianella cree que Perón y Gaddafi son "manos de Dios” que impulsarán la unión del Tercer Mundo. Es optimista: "La juventud argentina está luchando por la justicia y la paz, dispuesta a morir por sus objetivos”. DEL ESTE AL OESTE. Los Children of God se mostraron satisfechos con el trabajo realizado en poco tiempo en diversas partes del mundo. En Turquía, informaron, cien mil jóvenes fueron alcanzados por su mensaje. En Latinoamérica expandieron su actividad en Costa Rica, Quito, Caracas. Tanto en Oriente como en Occidente, los militantes del movimiento quieren ser los “nuevos franciscanos.’”. Los Hijos de Dios confesaron que se vieron reflejados en el San Francisco y la Santa Clara de Hermano Sol, hermana Luna, el film de Zeffirelli. Por ello distribuyeron miles de publicaciones del movimiento a la salida de los cines que lo exhibían. "Las personas que salían de ver la película pensando que se refería a una vivencia de otros tiempos, fueron traídos a la realidad cuando se encontraron con nosotros repartiéndoles nuestros folletos. Les dábamos la verdad del siglo veinte”, suponen todavía. Son simples, sin duda. ♦ PANORAMA, DICIEMBRE 20, 1973 |
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