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ROSARIO
La manzana prohibida
Desde Rosario, escribe Rodolfo Vinacua.
En las últimas horas del miércoles 22, la renuncia de Alberto C.
Gollán dejaba acéfala a la intendencia de la ciudad de Rosario. Poco
después, el gobernador, general de división (RE) don Guillermo Sánchez
Almeyra, aceptaba la dimisión, rechazaba los términos en los que la
misma había sido elevada, y designaba para cubrir interinamente el
cargo al subsecretario de gobierno de la provincia, doctor Víctor Luis
Funes. El nuevo funcionario tomó posesión de su cargo el día
siguiente, cerca de las diez de la noche, en un ambiente que los
medios periodísticos locales calificaron como “atmósfera de
expectativa”. La carpeta de problemas a atender en forma inmediata por
el doctor Funes, incluía un acuciante telegrama: "Al intendente
municipal interino. Solicitamos inmediata intervención esa intendencia
ante anuncio actuación travestis teatro La Comedia. Vergonzoso
espectáculo que ofende público rosarino y atenta elementales normas
morales”. Por la Liga de la Decencia firmaba el presidente, don Pedro
M. García.
La gerencia, habitualmente apacible, de la tradicional sala rosarina,
había recibido otro telegrama del mismo origen: “Expresamos
indignación y desagrado presentación travestis. Espectáculo que
desmerece vuestra sala y ofende público rosarino”. El azote que
amenazaba a la ciudad no era otro que el conjunto Les Girls, de
reciente actuación en el teatro El Nacional de Buenos Aires. "El
viernes nos aprestábamos para la primera sesión de la noche, con un
público que excedía nuestros cálculos —se entusiasmó ante Panorama el
empresario del espectáculo, Carlos Martínez Peyrou (29)— cuando
debimos afrontar a la comisión en pleno de la Liga de la Decencia, que
clamaba por la suspensión del espectáculo y protagonizó el gran
escándalo en el hall de la sala.” No obstante, y en la mejor
tradición, el espectáculo continuó.
Pero también continuaron los esfuerzos de la Liga para frustrar la
actuación de Les Girls y los demás artistas y conjuntos que componían
la revista “Ellos... son ellas”. Martínez Peyrou responsabiliza a
aquella organización de una campaña masiva de llamados telefónicos,
persuasivos a veces, agresivos e insultantes otras, tendientes a
confundir. “El espectáculo de La Comedia ha sido suspendido”,
anunciaban; o "Tenga cuidado, esta noche estallará una bomba en el
teatro”. Toda la tarde del sábado, incluso, una radio local estuvo
comunicando que el espectáculo se había suspendido. A pesar del
numeroso público por sesión, el empresario no niega que todo esto lo
ha perjudicado. La policía rosarina debió rodear la manzana del teatro
el sábado por la noche, y efectuar una prolija búsqueda en la sala,
tratando de detectar la anunciada bomba. “Todo esto no tiene sentido
—se exaspera Martínez Peyrou— en una ciudad como Rosario. La Liga
tiene todo el derecho —concede— a expresar sus opiniones y tratar de
ilustrar al público sobre sus particulares puntos de vista; a lo que
no tiene derecho es a tratar de impedir por cualquier medio el
espectáculo, o a asumir paternalmente el cuidado de la moral de los
demás, como si los rosarinos fueran una población de párvulos.”
El ajetreado empresario reconoce que la reacción del público de la
ciudad fue muy positiva, y el aplauso persistente. No podía ser de
otra manera: después de todo, sus “chicos” desarrollan un espectáculo
artístico, al que no pueden hacérsele objeciones morales, y está
"entroncado en la tradición del teatro griego y del teatro chino”. Sin
duda, el aplauso del público asistente a La Comedia no sólo premiaba,
tal vez, una actuación eficaz. Era un modo de expresar una gran
sorpresa; la que producía un espectáculo sobre el que se habrían
alimentado expectativas erróneas.
LA PETITE DIFERENCE. Los travestís debieron llevar en Rosario una vida
de reclusión. Las únicas salidas que se permitían eran siempre en
grupo y en el ómnibus de la compañía. Pero en los lugares que
visitaron se encontraron con una actitud simpática y curiosa por parte
de los rosarinos. "Lo cierto —asegura Martínez Peyrou— es que, de
entrada, la gente duda de que sean en realidad hombres.” Un público de
1.500 personas diarias constituye indudablemente una buena respuesta a
esta presentación insólita en la historia del teatro de revistas
rosarino. Ese número estuvo constituido sobre todo por personas
maduras, que asistieron con sorpresa, pero sin escándalo, a las
evoluciones de los 'girls' y sus compañeros de rutina. Algunas señoras
evidenciaban su intento de no dar el brazo a torcer ante el cónyuge
que, tal vez, había insistido en concurrir. “Sí, sí, de acuerdo, pero
desafinan como locas.” "Como locos, querida, como locos.”
La gira de la compañía por la zona fracasó parcialmente. Otra acefalía
municipal, la de San Nicolás, obligó al cauteloso permisionario del
teatro, que es propiedad de la comuna, a cancelar el espectáculo hasta
que aclarara. En Casilda, a no más de 50 kilómetros de Rosario, una
pequeña ciudad inserta en medio de una de las más ricas zonas
agrícolas de Santa Fe, Panorama siguió a la compañía. La experiencia
revestía, incluso, un interés antropológico. Pero Casilda, que tiene
en su plaza un arbolito plantado por Borges en un setiembre no muy
distante, no quiso ver a los travestis. Los 37 pioneros que habían
adquirido sus entradas esperaron pacientemente la resolución final del
grupo. Cuando se resolvió no subir el telón, el vital Ira Velázquez,
star del conjunto, deslizó profesionalmente: "O negocio do show
business nao deve sair do mapa”.
Tal vez debiera haberla escuchado aquella señora que salía con su
esposo de La Comedia, de Rosario, argumentando también, como otras, su
agrado y su resistencia última a aceptar la cosa de plano: "Muy bien,
el espectáculo no es malo. Pero lo que una no puede dejar de
preguntarse es qué tendrán estos chicos en la cabeza". ♦
PANORAMA, OCTUBRE 5, 1971
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