Mágicas Ruinas
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MARIA FUX Y SUS DANZAS SIN MUSICA
POR MALISA MORETTI CANEDO

E S cierto que hace ya más de quince años, durante el auge del expresionismo alemán en Europa, fueron muchas las bailarinas que se presentaron danzando sin música. Entre ellas, quizá la primera, fué María Wigman, quien causó verdadera sensación con la "Danza de la bruja", creación suya bailada sin música. Más tarde, el expresionismo se extendió hacia Estados Unidos de Norte América, donde surgieron muchas danzarinas que como Ruth St. Denis, Doris Humphrey y Martha Graham han hecho famosa la danza "terre a terre". Pero no es menos cierto también que para el público sudamericano la danza en silencio es una novedad no exenta de audacia de parte de las contadas danzarinas que se nos han mostrado bajo esta nueva faz del resurgimiento del expresionismo en danza, que, como todo arte nuevo, tiene sus adeptos y sus detractores.
María Fux es una de ellas: en diversas oportunidades hemos visto bailar a esta muchacha inteligente e inquieta. María Fux envuelve al público en un manto de sugestión hasta tal punto que aquél se olvida, como por arte de encantamiento, de la falta de música y asiste silencioso y apasionado, nunca indiferente, a los recitales de esta bailarina argentina que brinda horas de maravilloso recogimiento aunando a todos la infinita melancolía o a la tragedia persistente y honda que surge de sus interpretaciones. Crea el clima sin esfuerzos ni rebuscamientos. Notable sencillez de expresión y capacidad de síntesis en los movimientos es lo que demuestra en sus presentaciones esta joven artista. Sonriente a veces, con las manos suaves y su larga cabellera flotando, en una búsqueda sin encuentro, mientras se diluyen sus contornos hacia el silencio de sus danzas sin música.
En el deseo de conocer su pensamiento sobre la danza que interpreta, entrevistamos a María Fux, quien nos recibe cordial y sincera.
Al interrogarla sobre la danza moderna, segura y rápida, nos dice:

—La danza moderna arranca, no técnicamente, pero sí como movimiento espiritual, de Isadora Duncan, y se concreta en formas dentro del expresionismo alemán con Von Laban y Mary Wigman, para dar únicamente nombres claves.

—¿Cree que la escuela clásica es aprovechada por los cultores de la danza moderna?

—Es innegable que el clasicismo es aprovechado; no puede desdeñarse lo sustantivo de la escuela que hoy ofrece cultores de gran valía, aunque, para mí, fuera de la realidad, pues todo arte ha comprendido el cambio, no solamente formal, sino espiritual, debido a que el mundo ve y siente distinto, a que la vida se expresa de otra manera. El hombre de hoy halla su correspondencia —aunque aparentemente busque satisfacciones en artes de museo— en las contemporáneas manifestaciones estéticas.

—Es indudable que para llegar a libertarse de la música ha tenido que soportar un disciplinado estudio técnico. ¿Qué maestras la encaminaron en su arte y quiénes la formaron?

—Estudié muchos años con Ekatherine de Galantha, y algún tiempo con Miriam Winslow; lo demás lo he adquirido por trabajo propio, buscando las formas que me permitieron y permiten un máximo de libertad expresiva.

—Dentro de la danza moderna, existen varias escuelas, suponemos que usted se sitúa dentro del expresionismo que abrió tantas posibilidades en el campo estético. Hemos podido comprobar en sus recitales lo que más atrae la atención del público es la expresión que imprime a su cuerpo y a su rostro, llevando a éstos el juego atormentado y apasionado de la tragedia. No hay que olvidar que según Von Laban, uno de los precursores del expresionismo en la danza, el bailarín debe sentir el ademán, porque éste nace del sentimiento, y creemos que usted lo logra magníficamente.

—A decir verdad, no me sujeto a fórmulas ni a escuelas; lo único que me importa es no trabar mi danza ni pervertirla.

—Con esto usted afirma que es coreógrafa.

—Sí, mis danzas son creaciones. Desde que aparecí en público, he bailado obras propias.

—Suponemos que bailar sin música es difícil empresa. ¿Qué puede decirnos con respecto a sus danzas?

—Que ellas nacen, como toda obra de arte, de una intimidad conmovida y que puede concretarse en formas que aman el silencio y afirman el cuerpo, únicamente como real vehículo. También otras artes, la poesía, la pintura, la escultura, producen estados convertibles en danza. Hay, en realidad, muchas fuentes para que ella surja. Claro está que bailar sin música es una empresa ardua y difícil, pero el público me acompaña con un silencio que me ha conmovido cada vez más, confirmándome en su recepción sensible.

—¿Va a eliminar por completo la música en lo futuro?

—No puedo asegurarlo, aunque cada vez sea más firme en mi esa necesidad. Este problema, común las danzarinas actuales, ha suscitado diversas soluciones. Una de ellas es la de que el músico componga en estrecha relación con el coreógrafo. Últimamente he dado un recital valiéndome de la poesía de una sugestión que el poema inició y continuó la danza en su plano propio.

—¿Cuáles son sus experiencias con nuestro público?

—Indudablemente valiosas. Hoy puedo afirmar que mis danzas, así como las de mis compañeras en la tendencia moderna, cuentan con un público que nos apoya y estimula. Compruebo que el sentimiento por la manifestación artística está en el pueblo, quien lo alienta y necesita vitalmente.

—Suponemos que su aspiración máxima es viajar, conocer otros ambientes, nutrirse de savia nueva.

—Evidentemente, creo que la aspiración lógica de todo artista es viajar, conocer, perfeccionarse para madurar el espíritu. Por otra parte, viajar es privativo de quienes cuentan con medios; de ahí la enorme importancia de las becas, las que, desgraciadamente, parecen no considerar a la danza con los mismos derechos que poseen las otras artes.

—¿Ha hecho giras?

—Sí, últimamente he sido invitada por la universidad de Tucumán, donde he dado algunos recitales.

—¿Puede decirnos algo sobre la reacción que haya podido notar en el público del interior respecto a la danza moderna?

—He visto y sentido con enorme satisfacción hasta qué punto la danza moderna tiene fuerza y sugestión en cualquier clase de público. Vengo realmente admirada de la sensibilidad y comprensión que el público tucumano ha demostrado. Sobre todo con respecto a las danzas sin música, que han logrado aceptación y éxitos plenos.

—¿Podría aventurar una opinión sobre el movimiento de danza en nuestro país?

—Creo que hay una actividad extraordinaria en cantidad, aunque no en calidad. Indudablemente es de suma importancia y urgencia el que vengan profesores de danza moderna, pues actualmente la danzarina se encuentra aislada, tratando de desentrañar por sí misma la técnica de las nuevas escuelas.

—¿Puede decirnos algo sobre las posibilidades de nuestro folklore dentro de la danza actual?

—La danza actual —como otras artes— ha hecho una toma de contacto con lo vernáculo de muchos países. Creo que es imprescindible ir a las fuentes. Encontrando en ellas material, se puede llegar a dar, sin desvirtuar lo que es origen, lo primitivo que hay en todo folklore.

—¿Cuáles son sus proyectos para un futuro inmediato?

—Seguir ofreciendo recitales, superándome cada día más.

—¿Piensa viajar?

—Naturalmente. Hoy por hoy es lo que más deseo. Tengo posibilidades de emprender giras por el interior, por Brasil, y más adelante, ir hacia la ansiada meta: Estados Unidos, a profundizar mis estudios técnicos que tanto me preocupan.

Con esta hermosa esperanza, que deseamos sea muy pronto una magnífica realidad, dejamos a María Fux, talentosa promesa para el futuro de nuestra danza.

Revista Mundo Argentino
22.03.1950
Año del Libertador General San Martin

 

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