Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado

beatriz maría araujo

La raqueta precoz
A los trece años y luego de derrotar categóricamente a la mejor tenista del país, Beatriz María Araujo se convierte en una de las más sólidas promesas deportivas argentinas. La joven- que nació en Río Negro, creció en Salta y se radicó en Buenos Aires- confiesa que solamente aspira a entretenerse jugando

“No me siento un prodigio. Por ahora sólo soy una buena jugadora.” A pesar de su modestia, Beatriz María Araujo (13 años, nacida en la localidad rionegrina de General Roca, tercera en el ranking de damas 1969) constituye la más firme promesa del deporte argentino. Su aplastante victoria sobre Graciela Nidia Morán (20 años, considerada hasta ese momento la mejor tenista del país) en el Campeonato del Sur de la República, realizado en Mar del Plata durante febrero pasado, no hizo más que confirmar las opiniones suscitadas durante su meteórica carrera de éxitos. En sólo dos sets (6-2, 6-4) convirtió en una blitz-krieg apabullante lo que se esperaba fuera una reñida final, y demostró que ya no tiene rivales en la Argentina.
Para fines de junio recibirá su bautismo de fuego en el plano internacional, representando a la Federación de Tenis en el certamen internacional de Wimbledon (Inglaterra), donde hace pocos años logró su espaldarazo mundial la mejor tenista argentina de todos los tiempos: Norma Baylon de Puigrós. Antes de presentarse en el tradicional torneo británico —abierto ahora a los profesionales— Beatriz Araujo y sus compañeros Guillermo Vilas (primero de los juveniles), Julián Ganzábal (primero en el ranking masculino) y Ana María Arias (segunda en el femenino) se presentarán en el certamen de Kueens, también en Gran Bretaña, y luego tentarán suerte en París, en Baastad (Suecia) y Zurich (Suiza). “Nos mandan para foguearnos —precisó la Araujo— y jugaremos todos los campeonatos que podamos.”

“UN FENOMENO”
La opinión coincidente de los mejores valores del tenis argentino predice a la Araujo un futuro de ininterrumpidas victorias. “Beatriz es un fenómeno, un caso único en nuestro país —exultó la Morán, su reciente derrotada de Mar del Plata—; puede compararse con Norma Baylon, con la diferencia de que ésta, a los 13 años, no era lo que es hoy Beatriz. Sus golpes son regulares; está mecanizada y esto es lo más importante en un tenista. Calcula y mide los golpes con una precisión admirable. Lo único que debe mejorar es su saque.”
Julián Ganzábal (22, el mejor tenista argentino en actividad) no sale de su asombro: “Me impresionó muchísimo porque aunque me habían dicho que jugaba extraordinariamente, nunca imaginé que lo hiciera tan bien. Sus desplazamientos en la cancha son perfectos, tiene muy buenos reflejos, siempre está bien colocada y nunca devuelve un golpe apresuradamente. Además, por ser mujer, volea en forma impecable y es muy segura. El único defecto que le veo (ella lo sabe) es el saque”.
Para Ana María Arias (22, segunda en el ranking 1969), "la aparición de Beatriz Araujo implica una verdadera revolución en el tenis argentino, es algo totalmente nuevo en el país: todos los tenistas tenemos puestos los ojos en ella porque a corto plazo será primera en el ranking nacional y estará en condiciones de disputar el cetro mundial”.
Concentrada en el aquí y ahora de su formación deportiva, la propia Araujo revela un inusual conocimiento de sus características y carencias: “Tengo un juego conservador, muy tranquilo; sólo soy agresiva, como es lógico, cuando el partido así lo requiere. No tengo buen saque y debo mejorar los golpes, pero no tiro muchas pelotas afuera. Cuando salgo a la cancha sólo pienso si puedo ganar o no”.

SALTEÑA POR ADOPCION
Aunque la niña que deslumbra a los aficionados argentinos nació en la provincia de Río Negro, tenía apenas dos años cuando su familia partió hacia e! noroeste. “Prácticamente soy salteña —aclaró— porque viví diez años en esa provincia.” Hija de profesionales, con cuatro hermanos, Beatriz cursará en 1969 el segundo año del magisterio en el Colegio de Nuestra Señora de la Misericordia (en la Capital Federal) y piensa abordar el profesorado de idiomas. “Soy bastante buena alumna —admite—; a pesar de que el tenis me lleva mucho tiempo, aprobé todas las materias. En cuanto a la posibilidad de seguir una disciplina universitaria la creo muy remota, porque si sigo tan dedicada al deporte no voy a disponer de tiempo suficiente para estudiar. Mis padres siempre me alentaron en todo y son ellos los que más influyen en mi carrera de tenista. Ahora me tratan igual que antes de mi ascenso y también se preocupan por mis estudios. Sin embargo, soy yo la que cuida que las dos actividades marchen bien y se desarrollen armónicamente.”

DE LA PISCINA AL COURT
Como muchos otros deportistas precoces, Beatriz Araujo definió su especialidad luego de destacarse en otras actividades atléticas. A los ocho años se clasificó segunda en el campeonato de natación salteño, en los 50 metros estilo pecho. Como no había piscina cubierta (de invierno) comenzó a practicar frontón en un club destinado a la pelota a paleta: fue entonces, a los 9 años, cuando descubrió su vocación de tenista.
Llevado por sus ocupaciones profesionales, el ingeniero civil Araujo y su familia —tras recorrer durante varios años las provincias de Mendoza, Río Negro y Salta— retornaron a Buenos Aires en 1966. “En julio de ese mismo año —recuerda la tenista— estando ya radicada en la Capital Federal, intervine por primera vez representando a Salta en el Campeonato de la República para menores, ganando la categoría infantiles.”
Beatriz Araujo relata su vida y emite juicios con la misma tranquilidad y seguridad con que juega: “Cuando comencé en la categoría damas perdía invariablemente; estaba acostumbrada al juego lento de las menores”, confiesa. Y agrega: “En la Argentina hacen falta profesores y escuelas de tenis (como en Australia, donde las mejores raquetas del mundo son sometidas a un minucioso entrenamiento que abarca todas las áreas de la preparación técnica y física), pero sin embargo nuestro nivel está entre los mejores de Sudamérica; en todos los torneos continentales nuestros representantes ganan siempre dos o tres categorías. Si no fuera por la falta de resistencia estaríamos parejos con los mejores del mundo”.

UNA CHICA COMO TODAS
En cuanto a su propia preparación, parece ser menos exigente: “Todos los días me entreno en el Buenos Aires Lawn Tennis Club, pero no hago gimnasia (aunque comprendo que es importante) porque los que más la necesitan son los que no tienen aguante en los partidos; a mí no me hace falta, porque mi estilo de juego no requiere gran derroche de energías físicas”. Cuando se le menciona su vertiginosa serie de triunfos responde con una auténtica modestia. “No me puedo comparar con ninguna de las estrellas internacionales, por lo menos hasta el momento. En realidad, sigo siendo lo que en verdad soy: una chica de 13 años que se comporta como tal. No he tenido que sacrificar nada porque mi única pasión es eí tenis. También me gusta la natación, pero no la practico con regularidad porque ablanda los músculos. El profesionalismo está, para mí, todavía muy lejos; sigo considerando al deporte como un entretenimiento. Fuera del tenis leo bastante y me gusta ir al cine. Prefiero las películas románticas y de guerra. Las que más me entusiasmaron últimamente fueron Ben Hur y Adiós al amigo. Mi actor preferido es Charlton Heston. Voy al club, a la pileta, paseo; como todas las chicas de mi edad.”

LA PRUEBA DE WIMBLEDON
Bajo la dirección del veterano Jorge Cerda (en Salta la entrenaba Ricardo Norte), Beatriz Araujo perfecciona su saque —verdadero talón de Aquiles— y desarrolla un exhaustivo plan de preparación, con vistas a lo que será su primera incursión en el ámbito del tenis internacional. Sus posibilidades de competir con las estrellas mundiales en la gramilla de Wimbledon se decidirán en el torneo de preclasificación, que se realiza una semana antes del certamen máximo. De todas maneras, tendrá ocasión de enfrentarse en la categoría juveniles con las mejores menores de Europa y los Estados Unidos, y adquirirá una experiencia que a su edad —en plena formación física y técnica— puede llegar a ser decisiva para su futuro deportivo. Sean cuales fueren los resultados numéricos que coseche en Europa, Beatriz Araujo podrá considerarse la más sólida esperanza del amateurismo argentino, desde el surgimiento —a fines de la pasada década— de otro crack precoz: el nadador Luis Alberto Nicolao.
Revista Siete Días Ilustrados
3.3.69

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