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YRIGOYENISTAS
Cerrar filas en el movimiento nacional
El domingo 10, en Rosario, el Movimiento Nacional Yrigoyenista (MNY) designó nuevas autoridades; la Junta Nacional decidió, con la participación de más de 40 delegados de todo el país, que Alberto Assef desempeñara la presidencia, Luis Allen Lascano la primera vicepresidencia, y Julio Pisarello la segunda, mientras el abogado Miguel Zavala tendrá el cargo de secretario general, y Juan Esteban Bicondo el de secretario general adjunto. Además, la Junta encomendó a los hombres del movimiento intensificar las tareas de organización en el ámbito nacional, y recomendó que se siguiera prestando apoyo incondicional al gobierno de Héctor Cámpora.
El MNY —un sector político que se desprendió de la Unión Cívica Radical para engrosar, a fines de 1972, las filas del Frente Justicialista de Liberación— es el resultado de un planteo teórico que estudiaron sus dirigentes actuales durante largo tiempo. Para inquirir en su raíz ideológica, en la interpretación que hace el MNY del horizonte político Nacional, Panorama entrevistó a Alberto Assef y Miguel Zavala; sigue el resumen de lo conversado:
—El MNY nació dentro del radicalismo; ¿qué razonamiento político indujo su formación?
—Assef: Fue un razonamiento histórico-político. A lo largo de muchos años el radicalismo fue el movimiento nacional; ser radical era, entonces estar inmerso en la corriente popular, en el quehacer genuino de la democracia. Durante ocho años pensamos en reivindicar la esencia movimientista de la UCR; esa fuerza, esa dinámica que es la característica de la acción revolucionaria de las masas, por oposición a la perpetua gestión de los intereses antinacionales y antipopulares del sistema de la dependencia.
—Zavala: Nosotros queríamos que la UCR fuera uno de los brazos del movimiento nacional. Eso nos llevó a formar el MNY, a adherir al Frejuli, a participar en la campaña electoral. Y además, a comprobar la veracidad de nuestra teoría: las juntas provinciales son el eco de la idea en el radicalismo, un resultado a la vista.
—Pero usted, Assef, militó en los cuadros originales del alfonsinismo; ¿no representaba éste, al fin y al cabo, la mayor parte de las aspiraciones del MNY, salvo en lo que se refiere a la unión con el Frente?
—Assef: Yo tuve la oportunidad de analizar desde dentro el fenómeno alfonsinista. Encontré que la tendencia podía dividirse en tres corrientes internas. La primera tenía una exacta vocación nacional y popular; los que formamos el MNY estábamos incluidos en ella. La segunda era la izquierda dogmática. La tercera sólo buscaba el recambio dentro del sistema. Mientras la segunda ha decidido integrarse, hoy, en la posición revolucionaria del movimiento popular, con la tercera hay poco qué hacer.
—Zavala: Esto no quita que dentro de los sectores tradicionales de la UCR haya hombres que comprenden con claridad la vocación movimientista, ahí lo tiene a Conrado Storani, en el bando alfonsinista; o a Héctor Hidalgo Solá en el balbinismo.
—Pero esta política de "cogestión” con el Justicialismo, esta decisión de "ser un brazo del movimiento nacional", ¿cómo se compatibiliza con la intransigencia radical, que podría ser, en esencia, la actitud yrigoyeniana clásica?
—Assef: La intransigencia fue un magnífico instrumento. Pero no puede
erigírsela en un fin; convertirla, en sí, en un objetivo.
—Zavala: Hay una necesidad perentoria, porque si no existe movimientos de masas articulado, no existe posibilidad revolucionaria. La intransigencia por la intransigencia misma, el aislamiento, puede ser una actitud contrarrevolucionaria. Hoy el país da una circunstancia propicia a la marcha del movimiento nacional. La intransigencia debe ser sólo del pueblo contra el régimen.
—¿Y qué significado revolucionario tiene el acceso al gobierno del Frente Justicialista?
—Zavala: Es un paso fundamental. Significa nada menos que el principio de la trasferencia del poder al pueblo; del poder real, por supuesto.
—Assef: Y hay que tener en cuenta que, a pesar de algunos comentarios en contra, no se ha caído en el infantilismo revolucionario. El gobierno ha entendido bien, desde el principio, que la revolución es el acto político por antonomasia. Luego, depende de lo posible. Esto es por si alguien busca quedarse en el sentido de los primeros actos. Debe recordarse que la presencia del pueblo, liderado por Perón, es la garantía del cumplimiento revolucionario del proceso.
—Zavala: Hay quien olvida, por ejemplo, que el gobierno popular, en su nueva estructuración, es inédito. Tiene la amplia representatividad que le da una abrumadora mayoría electoral, sumada a la que le otorga el juego libre de las tendencias en su interior. Además, es innegable que no ha cerrado sus puertas al ingreso de sectores que debieron formar parte de él, y que hasta ahora permanecen marginados sólo por la acción restrictiva de la mentalidad que tiene su origen en el estado de dependencia nacional, cuyos elementos inciden y agreden sólo para dividir.
—¿Qué papel asigna el MNY al radicalismo en el proceso?
—Será fundamental en la medida de su integración al movimiento de masas. Hay muchos dirigentes que comienzan a comprenderlo así. Fíjese en la cúpula directiva del MNY; Julio Pisarello, el caudillo alfonsinista del Chaco, ha formado en sus filas; Juan Esteban Bicondo, un dirigente porteño del sabattinismo, también lo ha hecho.
—¿Qué opinan ustedes sobre la situación universitaria actual? ¿Puede existir una contrarreforma?
—Zavala: La reforma de 1918 fue un capítulo de la creciente participación democrática del pueblo. Ahora le toca intervenir al Estado en la confección de una cultura nacional: la democracia ya es un hecho, en todos los niveles. ¿Puede ser eso una contrarreforma? ♦
Revista Panorama
28/6/1973
 

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