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crónicas del siglo pasad
o

Carlos Bisso y la Conexión nº 5
Cinco en corto circuito
Reconocido como uno de los grupos de música popular más calificados del país, Carlos Bisso y su Conexión N° 5 aspiran hoy a explorar caminos inéditos en el transitado género

Aparentan ser un cónclave de fanáticos conjurados para alguna ceremonia secreta: uno de ellos aprieta los labios y se reclina ritualmente sobre la batería; otro —de rubia barba mefistofélica— mira a lo lejos, mientras puntea su bajo electrónico. La escena cobra casi un clímax apoteótico cuando dos cofrades más se consagran a enhebrar vertiginosos acordes en el piano y a rasguear con aire displicente las cuerdas dé una guitarra. Sólo falta que el más notorio integrante del quinteto aprisione, como al descuido, un micrófono de mano, para que ese aquelarre musical alcance su vértice máximo. Entonces, cuando la voz del cantante se exalta hasta quebrarse en la desgarrada síncopa de Gotas de lluvia caen sobre mi cabeza, el oyente no puede sino optar entre dos actitudes: consumir un cigarrillo mientras el ritmo le nada por las venas, o arrojarlo al piso y participar con todo el cuerpo en ese contagioso torrente creador.
SIETE DIAS vivió la semana última tan gratificante fenómeno, a mitad de camino entre la música y la complicidad grupa): en una casona del Barrio Norte porteño pudo escuchar en vivo los arpegios que integran el longplay —editado recientemente— de Carlos Bisso y su Conexión Nº 5. Además, dialogó informalmente con los denodados mosqueteros de este género popular. Un equipo que —en opinión de seguidores y colegas— ostenta un jerarquizado sentido de profesionalismo, sustentado en el estudio sin pausas.
Aunque no es fácil inducirlos a hablar de sí mismos acceden a brindar su minibiografía básica: se llaman Carlos Bisso (28, soltero, cantante, vive con sus padres en la localidad bonaerense de Olivos y aparece como el alma mater del clan); Osvaldo López (25, un hijo, considerado por muchos el más hábil baterista del país); Carlos Franzetti (22, soltero, pianista y organista, quien pese a su juventud sorprende por su idoneidad instrumental y quizá se cuente entre los mejores arregladores vernáculos). Redondean la cofradía el estudiante de Agronomía y guitarrista Juan Gamba Gentilini (21, soltero) y, finalmente, el único extranjero del núcleo: al los 26 años, el bajista Bo-Gathú acumula varias características distintivas: nació en Suecia, exhibe un humilde (o astuto) aire barbado y se afincó en la Argentina tras visitarla como militante de los Con’s Combo.
En cambio, no hesitan al proclamar: "somos unos ansiosos de la música; a veces, aun a las tres o cuatro de la mañana, caemos en la casa de cualquiera de nosotros y seguimos tocando con los instrumentos más increíbles; yo he llegado a entrar en trance con un par de tenedores y platos, a falta de batería”, se exalta López. Esta comunión entre cinco nació el 18 de agosto de 1969,. pero antes la había precedido un team de parecida: denominación. Como evoca Bisso, “si bien puede sonar cursi, yo nací con la música en los dedos; en enero del 68 conocí en Punta del Este al baterista Carlos Cuervo, al bajista Marcelo Trull y al guitarrista Charlie Montoto; yo me defendía en bolichitos, ellos me oyeron y pasé a cantar en su conjunto, llamado La Joven Guardia". La posterior incorporación de Mario Ricciardelli en órgano y Rubén Blanco en bajo, más otros cambios en el grupo, fructificaron en la primitiva Conexión Nº 5 en agosto de ese año. “Nos bautizamos así porque al conocernos nos íbamos conectando en todo sentido —claro— porque éramos cinco”, ríe Bisso. Aquel cónclave duró exactamente un año. Algunas creaciones de esos primitivos “conexionistas”: los melodiosos Si isólo tuviera tiempo y Hazme una señal.

NOTAS AMASADAS CON SANGRE
Como no podía ser menos, la charla con ellos trascurre en medio de humo, de sinceramiento y esporádicas —eléctricas— improvisaciones musicales. Que, muchas veces, invaden la obsesiva magia del jazz. “Integramos la nueva Conexión en sólo una semana", explican; antes de conseguirlo, Bisso quizá pensó en abandonar el canto, volver a hacer teatro para chicos como en 1967 (“algo muy importante para mí”) o emular alguna de sus faenas anteriores: trabajó en una inmobiliaria, estudió dos años de Medicina y fue cocinero para la tropa durante el servicio militar. Pero aunque volvió a cantar, no olvidó otras vocaciones: acaba de rodar el cortometraje Los buenos sentimientos, que dirigido por Bernardo Borenboltz se estrenó ya en Berlín y en el último festival checoslovaco de Karlovy-Vary.
—¿Cómo definirían su música?
—Es música popular, “para el país”, aunque cantemos en inglés (Franzetti). No podría rotularla, es simplemente lo que sentimos (Gentilini). No es beat; porque en la Argentina eso envuelve un concepto muy torpe: aquí seríamos beat tanto Violeta Rivas o Almendra, como nosotros hacemos música popular, incluso comercializable, con el mayor esfuerzo para que alcance un alto nivel de calidad. Por esa razón carecemos de temas propios: ejecutamos tal como fueron pensados en, su lugar de origen; aunque Franzetti intercale arreglos excepcionales, no deja de ser música foránea. Esa es la línea musical en la que nos hemos formado (Bisso).
—¿Qué están haciendo actualmente?
—Aparte del LP aparecido en estos días, que incluye entre otras composiciones Con su blanca palidez y Muchacha —de Almendra, pero entonado en inglés— terminamos el simple Juncos. Y nos defendemos con recitales, actuaciones en clubes, giras por el interior del país.
Al margen, C.B. confiesa buscar la totalidad: "Aspiro a grabar boleros hechos por mí —soy muy romántico—, o tangos con batería, bajo y guitarra ... si es posible las creaciones de Julio Sosa o Astor Piazzolla; de Sosa me atrae, ante todo, su agresividad”.)
—¿La música que más los conmueve?
—La negra, en general, expresiva de toda una raza castigada y desposeída pero que mantiene intacta su pureza original.
(Por turno, confiesan admirar a Bill Evans, Miles Davis, Dave Brubeck, Ray Charles, Tom Jones, Aretha Franklin, Chapton Erik, más —curiosamente— Piazzolla y Sosa. Pero también: "Todo el jazz, toda la música, todo lo que sea notas amasadas con sangre, pasión y talento”, desafía el baterista.)
Finalmente acusan: “No hay casi buenos músicos; nadie quiere estudiar, los conjuntos brotan y desaparecen como hongos. No se matan para dominar un instrumento específico y, por un disquito que graban, ya se creen los Rolling. Es un mal que quizá nazca desde nuestra obsoleta instrucción musical, desde la escuela primaria y el secundario”. Sin embargo, Bisso rescata al Almendra de antes ("ahora intelectualizan y rebuscan hasta lo más simple, y humanamente están en actitud de ídolos”). En tanto que Franzetti empina por sobre todos a Vox Dei y aplaude a Arco Iris “por su dulzura, su agresividad”. Leen mucho —Cortázar, Sábato, parapsicología, ciencia-ficción—. Aman la sinceridad, la amistad. Y el amor "a muerte".
Revista Siete Días Ilustrados
20.07.1970

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